Ricardo Jonás: “Trabajar en calzoncillos es a lo que debe aspirar cualquier persona”

Un cajero, un técnico de sonido, un fresador, ningún periodista... decidieron un día construir una publicación atrevida, una revista cultural que pasó de estar en pañales a andar en calzoncillos y bragas por casa. Nunca ha llegado a ponerse ropa, y es que ni redacción física tiene. Es Jot Down, y sí, se gestó en un foro allá por 2011. Después de varios años, este magacín con un aspecto eterno a Frank Sinatra ha crecido rápido y se ha convertido en “la mayor troleada de la historia del periodismo español”. Ricardo Jonás es su subdirector, un tío con cuya Ítaca particular es la de no tener que trabajar. A su lado, está la periodista Bárbara Ayuso, una pieza clave dentro de este tablero de ajedrez donde se hace mucho más que “tomar nota”.

 

 

“Me equivoqué de familia al nacer y tuve que trabajar, pero luego surgió Jot Down”. ¿Eso significa que ya no trabajas?

 

Mi auténtica vocación era la de ser rentista o rico heredero, o heredero normal, yo me conformaría con que me hubiera quedado una renta de poeta pobre del siglo XIX. Lo que me haría ilusión realmente es eso, no tener que trabajar en nada, pero por desgracia me crié en una familia que no solo no me deja cosas, sino que durante cierto tiempo tuve que trabajar para ayudar a la economía familiar. Ese es mi error, podría haber nacido en la familia Botín, me hubiera dejado colocado.

 

Pasaste de trabajar en un videoclub alquilando películas a ser subdirector de Jot Down. ¿Cómo fue ese camino?

 

Trabajaba en el videoclub con 17-18 años, después del instituto me pasaba por allí y alquilaba y veía películas, era un sitio guay para trabajar. Luego, desde los 22-23... estaría en segundo o en tercero en la universidad, empecé a trabajar en una fábrica que hacía expositores, rótulos... trabajaba de tornero, de fresador y de técnico de láser. Ahí estuve un montón de años hasta que acabé en lo de ahora. Y ahí sí que noté el cambio, era un trabajo muy físico, muy duro, muy aburrido evidentemente.

 

Por entonces ni siquiera tenías una aspiración y solo esperabas que te tocase la lotería.

 

Efectivamente, porque intenté seguir con la carrera y trabajar ahí, estaba primero a media jornada, el trabajo estaba bien porque es más duro poner asfalto, pero como digo, mi aspiración era no trabajar. Luego pasé a jornada completa y quise terminar la carrera por la UNED, como mis intenciones eran las de hacer lo menos posible... dejé la carrera, y estuve nueve o diez años trabajando en la fábrica, hasta que salió esto. Empecé a compaginar mi trabajo con la afición esta (Jot Down), y cuando llegamos a tener suficientes ingresos como para poder retirarnos del trabajo algunos de los que empezamos esto, me cambió la vida muchísimo. Ahora bien, las condiciones de trabajo que tenía estaban bien, ganaba más dinero del que gano ahora, el doble, también trabajábamos mucho. Pero eso, gano menos dinero trabajando en mi casa y en calzoncillos, que es a lo que debe aspirar cualquier persona, o en bragas. Yo creo que me compensa.

 

Confirmamos que trabajas en calzoncillos.

 

Incluso a veces sin calzoncillos, y otras veces en pijama. Depende de la época del año, del calor que haga (risas). Trabajar en casa tiene sus cosas malas, pero después de diez años en la fábrica, no lo cambio.

 

¿Cómo es tu día a día ahora?

 

Soy como los viejos, me entra el sueño a las doce de la noche y a las ocho me despierto. Me levanto tranquilamente, me voy a hacer crossfit, desayuno y a las once empiezo a trabajar, que es ya es bastante lujo. Lo que pasa es que luego puedo estar trabajando hasta las doce de la noche. Depende del día, igual me voy a la Sierra, o quedo con no sé quién y me voy a jugar y ese día no hago nada, pero claro, igual otro día tengo que estar currando dieciocho horas. Me puedo organizar como yo quiera, excepto con los artículos de la web, que se tienen que publicar a una hora determinada y dos cada día.

 

Si no eres periodista ni te ves capacitado para trabajar en una redacción, si algún día desaparece Jot Down, ¿para qué te verías útil?

 

Como corrector podría trabajar perfectamente, pero no sé si se siguen teniendo en las redacciones. O como corrector autónomo, para cualquier tipo de editorial. ¿Que también podría ser editor? Pues sí, pero entiendo que los editores suelen ser personas de confianza. Al fin y al cabo, esto es lo que hago. Lo que no podría hacer es estar día a día en un periódico redactando noticias porque, de hecho, no he redactado una noticia en mi vida, yo he hecho artículos y sí podría estar en un sitio escibiéndolos, pero al ritmo que los escribo, podría hacer uno cada tres meses por gusto, que es como los escribo aquí. No podría ganarme la vida así.

 

Te consideras narrador.

 

Soy muy poco periodístico, no manejo las temáticas, las técnicas, los estilos del periodismo. Cuando quiero escribir, digo “voy a coger algo que me guste y voy a redactar un rollo aquí, voy a meter cuatro chistes de pollas y pedos, que siempre es gracioso, y voy a meter por ahí una anécdota que me haya ocurrido a mí”. Eso no es periodístico en absoluto. Podría escribir en un fanzine, pero en un periódico no.

 

Ninguno de los que fundasteis la revista es periodista. ¿Entiendes que haya profesionales que se estén tirando de los pelos?

 

Lo entiendo perfectamente, ella (Bárbara Ayuso) no, ella es periodista. Puede ser frustrante, no sé si hay razones o no, lo comprendo.

 

Vosotros habéis encontrado la clave del éxito.

 

Bárbara Ayuso: Eso es así, pero no solo es que los periodistas no hayan dado con la clave. Jot Down hace lo que todos los periodistas querríamos hacer si tuviéramos tiempo y recursos. Lo que molesta no es tanto que hayan dado con la tecla, sino que ¡joder, eso a mí también se me había ocurrido! Eso que es tan español. Yo lo he vivido desde fuera en una redacción, y llevaba tiempo quieriendo escribir algo así y darle ese enfoque. Pero en las redacciones no hay tiempo ni recursos ni ganas.

 

Pudo generar algo de envidia.

 

BA: Es el no asumir la parte buena de que naciera Jot Down. Antes, el mantra era el no poder superar las 300 palabras, el SEO... y ahora ya vemos más publicaciones, aparte de Jot Down, que hacen textos largos y cojonudos. Es derribar una convención.

 

RJ: Entiendo que sea frustrante que tú desees hacer algo y no lo hagas por X motivos, y de repente aparezca gente que lo hace. Pero no hacemos nada que sea original en absoluto, no nos hemos sentado a pensar muy fuerte y nos ha salido una idea superfenomenal que lo está petando. Son cosas que siempre han estado ahí y nosotros pudimos hacerlas. ¿Por qué? Primero porque no dependíamos de ello, esto empezó como un hobby, es una broma que se nos ha ido de las manos, la mayor troleada de la historia del periodismo español (risas). No nos jugábamos nada.

 

¿Cuándo te diste cuenta de que Jot Down empezaba a ser algo grande?

 

Fue poco a poco, pero el momento en el que nos dimos cuenta de que podía ser rentable fue en el momento en el que sacamos a la venta la primera revista trimestral en papel, y se vendió. Ahí fue cuando dijimos “no sabemos si esto va a ser una empresa, pero por lo menos algo de dinero va a dar”, y fue el primer dinero que dio, antes habíamos ganado muy poquito en publicidad. Y eso que la primera trimestral la sacamos para probar cuando vimos que teníamos una comunidad de seguidores que a lo mejor la compraban, fue así y a partir de ahí empezamos a sacar más. Nuestra ilusión era sacar desde un principio Jot Down en papel, y la primera que sacamos fue por nuestro primer aniversario en la web, la gente reaccionó muy bien, así que seguimos sacando trimestrales y empezamos a generar ingresos y a poder permitirnos sobrevivir.

 

Seguro que alguna vez se te ha hecho eterno algún artículo o alguna entrevista.

 

Sí, porque además, como los corrijo... a veces digo “este cabrón podría hacer el texto un poquito más corto porque llevo aquí dos horas”. Cuando veo algo demasiado largo, lo recorto, no lo hago mucho, porque es un mito lo de las cosas largas en Jot Down, aunque hoy es el peor día para decirlo (por el miércoles 31 de enero) porque he publicado un artículo de 10.000 palabras sobre un videouego, pero los artículos que saco cada día rondan las 2.000 palabras, que en internet parece muchísimo, pero son tres folios, no es tan largo. Habitualmente quito una frase o dos, pero grandes recortes pocas veces.

 

Una de esas claves podría ser el tono que utilizáis en los artículos y en Twitter, algo más de andar por casa.

 

Sí, porque muchos de nosotros venimos de otro tipo de literatura, por decirlo de alguna manera, porque venimos de leer fanzines, las revistas más cutres del mundo, cosas de Estados Unidos, de contracultura... tenemos varios redactores a los que les notas ciertos dejes de a quien han leído mucho. Yo utilizo expresiones que las he absorbido de leer revistas de rock y heavy. Pero no solo por la literatura, sino incluso por la música. Por ejemplo, en nuestra revista hay cinco o seis personas que se nota mucho que leen y aman a Terry Pratchett, porque de vez en cuando se les escapan fórmulas. A ella (Bárbara Ayuso) también le ocurre. Todo muy alejado del típico manual de estilo de periódico.

 

En Twitter también tenéis un estilo particular.

 

La cuenta oficial de Twitter habla a veces de manera más personal y otras de forma más oficial, según tenga el día. En mi caso, no tengo ningún filtro excepto el de la decencia humana. No pongo cosas indecentes, pero soy poco diplomático.

 

¿Ese tuit de las cinco de la mañana está programado?

 

Creo que lo pone alguien de verdad en el momento.

 

¿La cuenta la lleváis tú y dos más, no?

 

Sí, lo que pasa es que somos personas que estamos bastante mal de la cabeza en general, todos tenemos nuestros problemas. Como dije antes, me da el sueño a las doce y me despierto a las ocho, pues hay gente que a lo mejor se despierta a las cinco de la mañana, o que pone el tuit y después se acuesta. Tenemos a un señor en Cantabria que trabaja de noche y luego duerme hasta las cinco de la tarde.

 

Vuestros beneficios realmente os vienen de la edición impresa, y la visibilidad por la web, cuando revistas como Interviú y Tiempo acaban de echar el cierre.

 

Tiempo e Interviú se quedaron un poco ancladas en el pasado, porque nosotros no podríamos vivir solo del papel o de la web. Yo alguna vez he mirado la web de Tiempo y parecía que estaba hecha con MS-DOS. Si no combinas las dos cosas, es difícil. Tampoco sé cuál es la situación empresarial del Grupo Z. Lo mismo podría recuperar el negocio, pero decidieron recortar, porque es más sencillo. En nuestro caso, yo no tengo miedo por Jot Down, nuestra esperanza es llegar hasta verano y luego hasta diciembre... ir poco a poco. Tanto en la web como en el papel vamos bien, la trimestral se sigue vendiendo y nos estamos enfocando mucho en ella otra vez. En internet, no solo nos mantenemos, sino que tenemos picos, este verano hemos tenido varios y eso que en verano se suelen tener menos visitas... pues hemos batido récords, superando casi millón y medio.

 

Jot down es anotar en español. Sé que lo has explicado alguna vez, pero sigo sin entender por qué se os ocurrió este nombre.

 

Sé que suena raro, pero es casualidad. Salió de las típicas tormentas de ideas chorra, encima a través de un mail con diecisiete personas que veníamos de la filosofía de hacer gilipolleces continuamente. Estábamos discutiendo sobre la longitud de los artículos, y alguien dijo “oye, ¿un artículo de 3.000 palabras os parece largo?”, y otro dijo una frase que debería tallarse en piedra para el futuro: “Si vamos a escribir un artículo de 3.000 palabras, a lo mejor nos deberíamos dedicar a hacer tesis”. Pues ahora estamos haciendo dos tesis cada día. Entonces, alguien comentó que “3.000 palabras es un pie de página”, y como jot down significa tomar nota y también nota a pie de página y paja en ciertos ambientes (risas), esa fórmula nos gustó.

 

En 2015, empezáis a formar parte de El País. ¿Ha cambiado algo desde entonces?

 

Sí cambió, ahora tenemos una tranquilidad económica que no teníamos antes. Antes teníamos ingresos por el papel y la publicidad, pero había meses que tardaban en pagar los proveedores, las librerías por ejemplo, si se retrasaban 120 días, tú tenías que pagar nóminas a treinta. Había meses en que estábamos mal, los colaboradores cobraban a noventa días y lo notaban menos, pero los que currábamos cada mes, a lo mejor llegaba el día 15 y todavía no habíamos cobrado, pero cobrar cobrábamos. Si eres una empresa muy pequeña, dependes de que te paguen. Con El País tenemos estabilidad económica, y pudimos contratar a más gente, nuevos redactores a tiempo fijo.

 

Recuerdo la no-portada de Juan Luís Cebrián con la máscara de Darth Vader. ¿Ahí caísteis en la censura de Prisa?

 

RJ: (Risas) No lo sé. La censura es que el Estado o un poder superior o la ley te impidan expresar una opinión o hacer algo. Que tú por ti mismo decidas no hacer algo por las consecuencias que tenga y no lo haces... no es censura.

 

BA: No fue censura, censura es que alguien te impida publicar algo de información relevante por lo que sea.

 

Es autocensura. Igual me equivoco, pero estuve leyendo que se le ofrecieron cuatro portadas a El País...

 

Ya sabes más que yo, eso no fue así. La cuestión es, de nuevo, que fue una broma que llegó demasiado lejos. "Qué gracioso, vamos a hacer una portada con Cebrián vestido de Darth Vader". Se lo propusimos y dijo que sí, porque es un señor que tiene bastante sentido del humor por lo visto. Luego qusimos llevarlo todo más allá e hicimos un vídeo de Darth Vader andando por la Gran Vía de Madrid entrando al edificio de Prisa, pero el que estaba en el traje no era Cebrián, era yo. Estuvimos en la puerta del Primark y casi me atropellan, la gente se quería sacar fotos conmigo... Pues hicimos eso, y luego la sesión de fotos. Y quedó muy bien, y alguien con dos dedos de frente... (pensando).

 

José Luis Sainz, consejero delegado de Prisa.

 

RJ: Pues él dijo que daba mala imagen, supongo que otras personas del consejo pensarían que daría buena imagen porque, oye, que tiene sentido del humor el jefe. Al final ganó la opción de que esto era una locura y nos dijeron “no publiquéis esa portada”. Pero El País nunca nos ha dicho nada del contenido. Pero insisto, lo de la portada no fue cosa de El País, fue del consejo de Prisa, y el jefe manda en este caso.

 

BA: La Smart la editamos nosotros, pero es de Prisa. Sería censura si viniese Prisa a decirnos que no podríamos publicar la fotografía de Cebrián en la trimestral, porque esta no tiene nada que ver con ellos.

 

A día de hoy, a pesar de que os va bien, ¿qué se puede mejorar para llegar a ser el The New Yorker español, ya que a veces decís que es la referencia?

 

No he leído el The New Yorker en mi vida, Hulio (risas). Ella está suscrita (Bárbara Ayuso), pero yo solo he leído algunas cosas, los relatos de Stephen King.

 

Es lo más parecido que puede haber a nivel nacional.

 

BA: Además de la extensión, poco más.

 

RJ: Esto lo dijimos en el año 2012 un poco así... No nos acercamos a su calidad porque es imposible, el The New Yorker tiene mucho dinero para pagar a gente muy guay y estar haciendo durante tres años un reportaje maravilloso, y nosotros tenemos lo justo para que alguien se prepare una entrevista sensacional y la haga bien. Pero el espíritu de intentar profundizar, de tener un lenguaje muy literario, narrativo, y la estética... va por ahí.

 

¿No pensáis en tener algún día una redacción fija?

 

No nos lo planteamos porque sería imposible, no podemos pagar una redacción, además para qué, para pelearnos al final. Las relaciones que más duran son como la del sargento Colon y su mujer en los libros de Terry Pratchett, que duraba 30 años y se comunicaban mediante cartas encima de la alacena de la cocina. Aparte de esto, que es un poco coña, no necesitamos porque no tenemos que hacer una mesa de redacción para debatir qué va a salir mañana. Es que vi el otro día la peli The Post (Los archivos del Pentágono) y estoy contando lo que vi (risas), no tengo ni idea de lo que ocurre en un periódico, pero no tenemos que estar pendientes de que nos llegue un teletipo.

 

¿Y cómo os comunicáis entre vosotros?

 

Por teléfono, por WhatsApp, por un foro que tenemos, que es como una redacción virtual...

 

¿Cómo diferencias un buen narrador de un mal narrador, tú que haces de filtro?

 

RJ: Aunque no acabé la carrera, estudié Filología hispánica, y la asignatura que mejor se me daba, el único 10 que he sacado en mi vida, era de análisis y comentario de texto, así que podría soltar aquí unos rollos impresionantes, pero voy a decir la verdad: instinto. Veo algo, y si me gusta, o no me gusta, pero noto que tiene algo, porque hay cosas que a mí no me gustan o no estoy de acuerdo con ellas, lo escojo.

 

BA: Y que te pille en el primer párrafo.

 

RJ: Sí, si la primera frase está bien, sigues leyendo, si la primera frase no está bien y no tienes mucho trabajo, sigues leyendo, si la primera frase no está bien y tienes que leerte veinte textos de 3.000 palabras, lo siento mucho por esa persona, pero no. La primera frase y el primer párrafo son muy importantes.

 

Tú fuiste el primero en explorar el género de la entrevista para Jot Down, pero acudías a la cita sin apenas documentarte, era una charla informal. ¿Ahora te las preparas más, o no?

 

RJ: Ya no hago entrevistas yo solo, sí con alguien, sobre todo con ella (Bárbara Ayuso), a escritores y a editores, y ella se documenta muy bien, y yo voy a la improvisación.

 

BA: Vas a las entrevistas cuando el tema lo conoces, no te quites méritos. No tendrá una documentación especial, no se ha puesto a leer, pero él viene conmigo porque el entrevistado es alguien a quien tiene controlado: un escritor al que hayas leído por ejemplo.

 

RJ: Las últimas entrevistas que he hecho, la mayoría o el cien por cien, son a editoriales o a librerías. Eso no me lo tengo que preparar porque me siento con los señores de Valdemar y nos pasamos cincuenta millones de años hablando de literatura de terror.

 

Es más bien una charla.

 

Efectivamente. Pero las que hacía antes, efectivamente, me las preparaba para más. Cuando hacía entrevistas era cuando yo estaba trabajando a la vez y no tenía tiempo, me preparaba la entrevista en el metro. De todas formas, las charlas que tenía, aunque no tuviera tiempo para preparármelas, a la gente la conocía.

 

¿Si tuvieses tiempo, las prepararías?

 

RJ: Esta pregunta es de mala leche, como antes puse la excusa de que no tenía tiempo... (risas). Pues no, no tengo capacidad de trabajo, yo no quiero trabajar, el trabajo es un mal de la sociedad capitalista.

 

BA: En las entrevistas, la palma no me la llevo yo, se la lleva Álvaro Corazón Rural, que es un tío que se mete una semana literalmente en la Biblioteca Nacional para preparar cada entrevista, se compra todos los libros inencontrables... es una auténtica bestia de la documentación, y lo hace todo él solo. Así luego salen las entrevistas que salen. Cuando más tiempo inviertas en algo, mejor va a salir, y a él se le permite.

 

RJ: Hasta el extremo de que el entrevistado le dice: “Eso que me estás contanto no me acuerdo de que me haya pasado o no lo sabe ni mi familia”. Bárbara, tú has tenido un fin de semana para leerte el último libro de James Ellroy para la entrevista, y él ha dicho que ha sido la mejor entrevista que le han hecho nunca, no lo digo yo, lo dijo James Ellroy, que es un señor muy terrible con la gente.

 

Ese tiempo no lo tienes en un periódico por ejemplo.

 

BA: En todas las entrevistas que he hecho para periódicos, que han sido unas cuantas, tenía como muchísimo media hora y el día antes para documentarme. En media hora no sacas nada interesante de nadie.

 

RJ: Tenemos la teoría de que la gente empieza a decir las cosas más interesantes a partir de la media hora. La otra técnica, la de entrevista corta, es emborrachar. No es que seamos más listos, el mérito simplemente es que exigimos a los entrevistados que nos dejen hablar una hora y media, y hemos perdido muchas entrevistas importantes por esto. Frank Miller por ejemplo.

 

BA: La agenda cultural en España está muy marcada por la actualidad, y en otros países no es así, mismo con James Ellroy, va a haber entrevistas a Ellroy en La Vanguardia, en El País, en ABC, en La Razón... Lo marca todo la novedad editorial, cinematográfica... Eso constriñe un montón la cantidad de información que puedes dar sobre otras cosas. Pero es una deuda que tienen todos los periódicos. Eso hace que los gabinetes de comunicación que conceden las entrevistas tengan que repartir a quince periodistas en cuatro horas. Cuando estaba en ABC y tenía que hacer las de cine, estaba veinte minutos con gente y tenía que sacar un texto de 700 palabras, que es una puñetera mierda, no cuentas nada, y necesito un titular, acabas cayendo en preguntas cliché, también en parte porque no te la has preparado lo suficiente.

 

Cambia mucho también hacer una entrevista en persona que hacerla por teléfono.

 

Esa es otra de las cosas, por teléfono no hacemos entrevistas.

 

Sueles decir que no importan los másteres que hagas o lo que ponga en tu currículum. ¿Qué le dirías a la gente que se está preparando?

 

Que beban bastante agua, que miren el nivel de glucosa (risas). Les diría que lean y escriban mucho. Si su objetivo es trabajar en un periódico, no tanto, solo que se formen como periodistas, que practiquen mucho y que si consiguen estar de becarios en una redacción curtiéndose, fenomenal porque es como muchos han aprendido... según me han contado a mí, porque no es mi caso, en mi carrera profesional pasé de la fábrica a la silla del Ikea de mi casa en calzoncillos, no puedo pontificar. Pero, si tu objetivo es otro, hacer un periodismo más narrativo o cultural, es muy importante leer y escribir mucho, no tiene otro secreto. Lo mismo si quieres escribir relatos y novelas. Toda la gente que escribe con nosotros lo ha hecho así, es gente que lleva desde la adolescencia haciendo muchas cosas y leyendo mucho, desde literatura rusa del siglo XIX hasta dibujos animados japoneses.

 

Tal y como está construida la sociedad, esto es como una puñalada. ¿Qué le dirías a los padres que están invirtiendo sus ahorros en la educación de sus hijos?

 

Les diría que un título nunca viene mal tenerlo porque te lo van a pedir. Yo no tengo ningún título más allá del de Bachiller, y no he tenido muchos problemas tampoco, no puedo opinar, pero hay gente que piensa que el título al final no te sirve para nada. La culpa es del que exije tanta titulación en lugar de esfuerzo y talento. Como empiecen a contratar a la gente por los títulos, pues este tiene un título más, el otro con otro... lo que llaman 'titulitis'. Yo no me fijo en eso porque no lo necesito, a no ser que un señor me vaya a escribir un artículo sobre física cuántica, que le exijo que sea científico. Es que insisto, la gente que está con nosotros trabajando desde el principio, pues uno era cajero, otro era técnico de sonido, fresador... A mí me han llegado textos de periodistas recién graduados, y leo y digo “pero ¡hijo mío de mi vida!”. La sensación que tengo es que hay de todo y de que da igual lo que hayas estudiado. La gente que estudia carreras de letras, no solo Periodismo, se supone que tiene que leer mucho, y luego en mi facultad había gente que escribía perfectamente y se expresaba muy bien, y otra en tercero de carrera que le pedías los apuntes porque no los cogía, porque era un vago, y dices “me cago en su puta madre, parecen los manuscritos de Mú y Lemuria, es que si leo esto en voz alta, voy a parecer Satán”.

 

Pero un buen periodista tiene que ser un buen escritor.

 

RJ: Debería serlo.

 

BA: Uno de los mejores corresponsales de guerra en España escribe fatal, no es nada lírico, pero el valor de lo que hace ese tío allí es tremendo. Estoy hablando de Javier Espinosa. No tiene una prosa especial, pero su valor es que ha estado secuestrado en Mali y lo que cuenta. No hace falta que seas un brillantísimo escritor, hay muchos tipos de periodismo. Si vas a hablar de periodismo cultural, evidentemente es necesario saber escribir bien.

 

Pero entra mejor una historia con un poco de literatura. El sujeto, verbo y predicado parece un teletipo.

 

Está muy de moda ese estilo como muy americano y queda bien. Pero claro, una crónica bien escrita te entra mucho mejor porque, al fin y al cabo, una crónica o un reportaje es como un relato sobre algo que ha ocurrido de verdad. Entonces, entra mucho mejor si está escrito de una manera más narrativa, más allá de decir “en tal sitio a las 17.30 horas cayó un rayo y un señor murió”, eso es un teletipo. Pero lo que he dicho antes, no se puede escribir bien si no has leído, no hace falta que hayas leído a los grandes maestros del novelón, sino mucho tipo de cosas para poder expresarte mejor y encontrar el estilo que te guste y con el que te sientas más cómodo, es mucho más fácil.

 

¿La sociedad española es culta?

 

Esto lo hemos hablado muchísimas veces entre colegas, vivimos en una burbuja cultural que no es de clase porque mis colegas y yo somos de clase bastante baja, somos la purria más absoluta la mayoría. Pero sí que tú tiendes a hacer ciertas amistades dentro de tu barrio, con las que compartes muchos referentes culturales, aficiones y ciertos modo de pensar. Luego te encuentras con gente a la que no le interesa una mierda nada de lo que a ti sí y dices “qué gente más inculta”, pero a lo mejor es que somos una burbujita. Nosotros sabemos muchas cosas y creemos que a la gente también le intesa cómo se filmó la versión de dibujos animados de El señor de los anillos, e igual le interesa a cuatro gilipollas. ¿La sociedad española es culta? Sí, las películas de Marvel las ve mucha gente, y Metallica va a dar dos conciertos el sábado y el lunes y se han vendido 50.000 entradas, así que hay gente muy culta que va a escuchar música de cultura popular como es la de Metallica.

 

Lo que está claro es que cierto tipo de cultura cuesta dinero.

 

La cultura debería ser mucho más accesible para probar, y a ver quién tiene razón, si los que creemos que la sociedad es culta o los que creen que no. Desde aquí, le pido al mercado capitalista que desaparezca y la cultura sea universal y gratuita (risas).

 

España no es el país que mejor trata la cultura. Tenemos un vecino que lo hace algo diferente, como es Francia.

 

Los gobiernos han tratado bastante mal la cultura, es una tradición española. Habría que hacer que la cosa fuese más accesible... el contraargumento es que vivimos en la época de la historia en la cual la cultura es más accesible que nunca porque existe internet, pero internet es otra burbuja. Luego pasan otras cosas y no me entero, o hay gente que no sé quién es y lo está petando, eso es porque estoy en otra burbuja.

 

¿Cuál es tu tarta de queso favorita? (Pregunta de su compañera Lupe de la Vallina)

 

(Risas) Lo que me extraña es que me pregunte por la de queso y no por la de zanahoria. Pues todas, hay miles de tipos de tartas de queso y son todas diferentes y buenas, cada una es de su cultura y a todas hay que respetarlas. La tarta de queso es la luz y alrededor solo está el abismo y la muerte, pero no tanto la tarta como el pastel de queso que hacía mi abuela Carmen.

 

Una película.

 

Star Wars.

 

Una serie.

 

Deadwood o Firefly.

 

Un libro.

 

Es que ya he mencionado mucho a Terry Pratchett en la entrevista. Iba a decir Temor y temblor de Kierkegaard, pero voy a reivindicar a Stephen King con Corazones en la atlántida.

 

Una canción.

 

Orion, de Metallica.

 

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