Pablo Pineda: “La situación del síndrome de Down es tan dura como la de la mujer o el pensionista”

 

Pablo Pineda (Málaga, 1974) es diplomado en Magisterio y tiene una Concha de Plata a mejor actor por la película Yo, también. Sin embargo, no puede dar clases porque la ley no se lo permite ni tampoco ha continuado su vida como intérprete. Ahora trabaja como consultor de diversidad de la Fundación Adecco e imparte charlas con el fin de convencer a las empresas para que contraten a personas con capacidades diferentes… sí, porque discapacidades tenemos todos. Además, Pineda ha sido presentador de un programa de televisión y ha escrito dos libros: El reto de aprender y Niños con capacidades especiales (Manual para padres). Pero Pablo, ante todo, es una persona. Tiene el mérito de ser el primer europeo con síndrome de Down en obtener una carrera universitaria. Educado, animado, abierto y, sobre todo, feliz, así es este hombre que ha vivido alejado del victimismo gracias a la educación de sus padres y de sus tres hermanos mayores. A los cuatro años aprendió a leer, a los seis supo que tenía una capacidad especial y a sus 44, es el gran ejemplo de superación y de que en la vida hay de todo menos límites. Es 21 de marzo, nos ponemos un calcetín de cada color para celebrar el Día Mundial del Síndrome de Down.

 

 

La esperanza de vida para una persona con síndrome de Down a principios del siglo XX era de nueve años, ahora es común que pase los cincuenta años y más. ¿Te asusta?

 

Asustarme, asustarme... no tiene por qué asustarme. Eso quiere decir que la sociedad cada vez pone más medios para que nuestra calidad de vida sea mejor. Da responsabilidad a la hora de cuidar nuestra salud, procurar todo lo posible para que podamos vivir más de cincuenta años.

 

¿Tú cómo te sientes?

 

¿A qué te refieres?

 

A que si te ves con la misma vitalidad que cualquier persona de tu edad.

 

Siempre he sido una persona muy vitalista, muy inquieta culturalmente. El papel de mis padres y de mis hermanos ha sido fundamental. Nunca he parado. He estado siempre haciendo cosas, viajando, dando charlas... Con una enfermedad -padece una lumbalgia actualmente-, paras, pero eso le ocurre a cualquier persona. Yo disfruto de lo que hago, y eso es muy importante.

 

“Afectados”, “trastorno”, “discapacidad” o “enfermedad”. ¿Cómo es posible que todavía haya gente que no sepa lo que es el síndrome de Down?

 

A ver cómo te lo digo... me parece fatal que haya gente que todavía no lo sepa en pleno siglo XXI. Pero también es verdad que la propia sociedad tampoco ayuda. La palabra síndrome siempre se asocia a enfermedad, aunque ya, poco a poco, la gente va cambiando.

 

No debería ser normal a estas alturas que los medios de comunicación nos dirijamos hacia vosotros en estos términos.

 

Es que está tan en la cultura.... Yo me acuerdo de que los medios de comunicación, al principio, todos decían: “Padece el síndrome de Down”. Al final, eso cala en la gente, en la sociedad... Hay grados de síndrome de Down. Los medios de comunicación tienen mucho poder sobre los españoles. Hay que normalizarlo.

 

Todos tenemos alguna discapacidad, en la película que has protagonizado Yo, también, Lola Dueñas se mete en el papel de una persona que no tiene la capacidad de amar. ¿Para ti, cuál es la capacidad más importante en una persona?

 

Hay muchas, algunas muy importantes. La capacidad para amar, por ejemplo, es muy amplia. La capacidad para amar es la capacidad de respetar a otra persona como es y no como tú quieres que sea. Eso es capacidad de amar. No el amor romántico, sino el amor en general. Otra capacidad muy importante es la empatía. Tú no puedes querer a una persona si no la conoces, si no la entiendes, si no la comprendes. Todo lo que está pasando ahora es por falta de empatía, que lleva a todo el fanatismo y a todos los extremismos que hay.

 

Vivimos un momento de revolución, los colectivos protestan y luchan por sus derechos, por la igualdad. Lo vimos el pasado 8 marzo, Día Internacional de la Mujer, y este fin de semana, con los pensionistas. ¿Existe igualdad en vuestro caso?

 

Es una situación tan dura como la de la mujer o el pensionista agravada por la mentalidad. ¿Por qué digo lo de la mentalidad? Las mujeres son personas, entre comillas, normales, y los pensionistas también. En cuanto a la capacidad intelectual, ya la cosa cambia, la mentalidad es distinta. Yo no voy a poder hacer nada, yo no voy a poder amar... es un discurso negacionista. Eso hace que haya una mayor desigualdad.

 

Este 21 de marzo, Día Mundial del Síndrome de Down, ¿por qué motivos brinda Pablo Pineda?

 

Brindaría por que en un futuro no se celebren más estos días. Que llegue el día en el que al final todos formemos parte de la sociedad y todos tengamos los mismos derechos y las mismas oportunidades. Que no hagan falta estos días internacionales, sino que la sociedad asuma, con total naturalidad, la diversidad.

 

¿Por qué es bueno que en nuestra sociedad haya personas con síndrome de Down?

 

Porque aportamos muchísimas cosas. Aportamos una forma de ver el mundo a través de ese algo tan relevante, a través de la empatía que te decía antes. Vemos la sociedad como un niño, somos inocentes, decimos lo que pensamos, nos adaptamos siempre a lo que hay. Somos gente cumplidora. Yo solo me pierdo charlas cuando estoy enfermo, y me siento fatal. Pues si eso se extrapola, sería una sociedad mucho mejor.

 

"No me agobio porque los agobios no llevan a nada. Digo lo que pienso y no me corto...”, has dicho en una entrevista a Europa Press. ¿Es complicado decir lo que piensas cuando ahora todo tiende ir hacia lo “políticamente correcto”?

 

Sí, es difícil decir todo lo que uno piensa. Pero, a decir verdad, tampoco hay que decirlo todo. A ver si por decir lo que piensas, te vas a meter en un lío (sugiere). Hay que decir lo que piensas según lo que tú pienses. Si lo que tienes que decir es bueno, dilo, si es malo, mejor cállate.

 

Hoy en día tenemos la piel muy fina.

 

Sí, porque además la gente está muy susceptible ahora, hipersensible. Es una cosa alucinante.

 

Pero con cualquier tema.

 

Sí sí, es verdad.

 

Soy de los tuyos, en esto pienso como tú.

 

A veces hay que ser un poco astuto.

 

Se aprende a base de golpes, con el paso del tiempo.

 

Exactamente, con la edad.

 

¿Sientes que tienes que luchar más que el resto cada día para conseguir lo mismo?

 

Tengo que estar demostrando siempre. Es un problema añadido, es como el IVA, un añadido que te ponen. A las mujeres les ocurre igual. ¿Cómo que yo no puedo? Ahora te vas a enterar de lo que puedo hacer... Demostramos lo que sabemos. La huelga feminista era esto, y se vio. La mayoría de los trenes se pararon. Yo mismo me sorprendí. ¿Cuántas mujeres conducen el AVE? Madre mía.

 

¿Cómo es eso de que cuando estabas en el instituto, los profesores votaron para decidir si podías estudiar o no el Bachillerato -primero de BUP por entonces-?

 

Era una época distinta. Fue en el año 1989, cuando entré en el instituto. Por entonces, nunca habían visto a un síndrome de Down en la educación secundaria. No sabían qué hacer. Había profesores que decían que sí, que yo podía entrar, pero había otros que decían que no. Se hizo lo que, democráticamente hablando, había que hacer, aunque socialmente no era concebible. Muchas veces está ese dilema.

 

Supuestamente era ilegal lo que estaban haciendo.

 

Ilegal desde la óptica de ahora. Por entonces, no.

 

¿Recuerdas alguna situación parecida en la que te hayas sentido "pataleado" por alguien?

 

En todo mi proceso vital, no, votaciones no hubo. Pero la etapa universitaria también fue una etapa complicada. Ahí era otra barrera distinta. Me costó entrar por un tema burocrático. La burocracia también es una barrera. Para entrar en la universidad hay un porcentaje de discapacidad de hasta el 60%. Ahí ya te ponen la barrera. Están hablando de un 60% de discapacidad en general. Ese es el problema, que con un 60% de discapacidad física puedes entrar, pero con un 60% de discapacidad intelectual no.

 

Burocracia.

 

Burocracia pura y dura. Depende de la mentalidad, porque ellos estaban acostumbrados a ver a gente con discapacidad física, motora, sensorial, pero intelectual, no.

 

Al final, acabaste dándoles una lección.

 

Sí. A mí no me gusta hablar de “gente con discapacidad” (matiza) porque no es una palabra adecuada. Antes hemos hablado de la capacidad de amar… yo diría gente con otras discapacidades.

 

Claro, porque discapacidades tenemos todos.

 

Discapacidades todos tenemos.

 

Y de capacidades también hay que hablar.

 

Es algo que se ve en la película, cómo al final uno se da cuenta de que el personaje de Laura Valente tiene más discapacidades que yo.

 

¿Y alguna vez te han menospreciado en tu día a día por ser una persona que tiene síndrome de Down?

 

En general, nunca me he sentido menospreciado, aunque siempre hay algunas personas o algún grupo, como me ocurrió en segundo de BUP, que sí, que te ningunea, que se meten contigo, pero en general, no.

 

¿Has notado que esa gente del instituto que antes te machacaba ahora te admira?

 

Esa gente que me ninguneaba ahora estará dándose cuenta de lo mal que lo hizo en su día.

 

Hay una frase tuya muy buena: “Ellos se perdieron todo lo que podrían aprender de mí”. Fueron tontos hasta para no ver eso.

 

Eso es, esa la contestación. Ahora, con la edad, porque esa gente tendrá ahora mi misma edad, dirán: “¡Vaya!, fuimos tontos cuando estábamos con él y le ninguneábamos”.

 

O imagínate que alguno de ellos ha tenido un hijo con síndrome de Down.

 

Exactamente, porque la probabilidad es tan alta… Ahí aprenderían de verdad.

 

Lo que hablamos antes de que, con los años, se aprende.

 

Con los años... y con el contacto con las personas diferentes. Eso te hace cambiar.

 

Tú que has tirado ya muchos muros, ¿cuáles te quedan por derribar?

 

Poco a poco he ido tirando muros en los años que llevo trabajando con la fundación Adecco -desde 2010-, donde intentamos derribar uno muy importante, que es la inserción laboral, porque cuando llega una edad, hay que trabajar. ¿Cómo lo intentamos tirar? Con charlas, con conferencias a empresas, a trabajadores y a directivos.

 

¿Los padres y los propios alumnos algún día te aceptarán como profesor?

 

Ojalá, es un tema también complicado. Yo me meto un poco en la piel del padre. Un padre de un hijo normal, entre comillas, acostumbrado a lo de siempre... y que de repente le digan “mira, te va a dar clase esta persona con síndrome de Down”… si te metes en su piel, dirías "uf".

 

Pero tampoco debería ser así, tendría que normalizarse, si tienes la carrera es porque estás capacitado para dar clases.

 

Exactamente, el problema es ese… Hay mucha obsesión por el título universitario, ¿verdad? Pues no es lo más importante, hijo. No es lo más importante porque la sociedad es… no mala, pero la gente se fija más en un rasgo físico que en un título universitario y se queda más con que tengo síndrome de Down que con que tengo una carrera. Eso, al final, nos perjudica, no es lógico y también deberíamos cambiarlo. Si en un hijo aparentemente normal lo importante es un título, para mí también debe serlo y no el rasgo que tenga.

 

En 1997, le dijiste a Javier Arenas, por entonces ministro de Trabajo y Asuntos Sociales con Aznar, que no hiciese demagogia con los temas sociales. Él se quedó sin palabras. ¿Qué le diría a Mariano Rajoy o a Dolors Montserrat -actual ministra de Servicios Sociales e Igualdad- si tuviese la oportunidad de hablar con alguno de los dos?

 

Me gustaría hablar con ellos y decirles con las mismas palabras o quizás con otras: “Mire, Don Mariano, mire, Doña Dolors, déjense de gastar saliva, no usen tanta palabrería y pónganse en el campo de la acción, en una acción que se vea, que sea visible para nosotros, que se materialicen acciones concretas. Todo lo que están diciendo es muy bonito, pero háganlo, no se queden ahí". Un poco lo que le dije a Javier Arenas en el 1997 y se quedó sin palabras. Que no digan mucho ahora y luego nos dejen tirados.

 

También hablas de que vivimos en una sociedad estresada donde casi no existe ni el tomar un café. ¿Con quién te gustaría tomar un café a solas?

 

Pues mira, hablando de políticos, con Rajoy, sería un buen conversador. Me gustaría hablar con él, tomarme un cafelito largo, largo, largo (risas) empalmándolo con el aperitivo y con la comida si hace falta (risas) y que me dé conversación como buen gallego. El tío sabe conversar, es listo. Después, me tomaría con él un pulpito a la gallega… y entre tapa y tapa tendríamos una conversación larga y tendida (risas).

 

Una película o una serie.

 

Aquí me meto en el tema educativo. El epítome del profesor que me hubiera gustado tener a mí y en general a todos es el de John Keating, el de El club de los poetas muertos… gran peliculón. Fue una de las cosas que más me marcaron a la hora de decidir estudiar Magisterio.

 

Se me había escapado… ¿Por qué Magisterio?

 

Los niños siempre me han gustado muchísimo. Recuerdo que cuando era pequeño, ya había dos o tres carreras que me gustaban mucho por aquel entonces y que ahora también me gustan. Una, la Información, yo de pequeño quería ser periodista, la Historia también me gusta, y como soy… yo le llamo el defensor de las causas perdidas, y además tenía un primo lejano abogado, pues quería ser abogado.

 

Y al final, profesor.

 

Espera, espera. Y aquí aparece un señor que ha sido importantísimo en mi vida: Miguel López Melero, pedagogo y catedrático de universidad. Este hombre me dijo: “Pablo, el Derecho es duro, el Periodismo, igual, es mejor que hagas Magisterio, porque tiene más salida”. Claro, eso fue en los 90, ya ves que ahora las Humanidades nada…

 

Hoy en día estamos fastidiados.

 

Y dije: “Pues sí es verdad, voy a hacer Magisterio”, y escogí la rama de Educación Especial. Y así fue la decisión.

 

¿No te ves actuando de nuevo?

 

Fue una experiencia tan bonita, tan distinta, tan peculiar…

 

Y que salió tan bien además.

 

Salió estupendamente y no, no repetiría, no, prefiero quedarme con buen sabor de boca.

 

Hay que retirarse en un buen momento.

 

Eso es. Cuando vi la Concha de Plata en mis manos, dije: “Pablo, déjalo, haz otras cosas” (emoción).

 

Quedaste por delante de Ricardo Darín.

 

Y de Robert Duvall además... muy fuerte.

 

Fue llegar y besar el santo.

 

Es que fue tremendo. Entonces, claro, me dije: “No te confíes que de estos cocos pocos”. Además, después fui nominado al Goya a mejor actor revelación en 2010. Al final se lo llevó Alberto Ammann, el de Celda 211.

 

Estuviste en la gala entonces, ¿cómo se vive eso?

 

Es increíble, o sea, en medio del glamour, de las actrices… estaba feliz. Fue impresionante ver los Premios Goya, a mí me encantan y siempre los he visto por la tele, pero verlos por dentro, estar con los actores, hablar con ellos… eso es un honor, es otro rollo.

 

¿Se portaron bien contigo?

 

La verdad es que sí, y muchos habían visto mi película. Sorprende gratamente el mundo de los actores.

 

¿Y cuál es tu libro favorito?

 

Hay un libro que siempre me ha gustado muchísimo y es de un pedazo autor, de Gabriel García Márquez… Crónica de una muerte anunciada. Me encanta. Recuerdo que lo leí cuando era jovencito, y me encantó. Parece una película policíaca.

 

Es un manual de periodismo.

 

Sí, exacto, de periodismo y de psicología. Cómo retrata a Santiago Nasar con todo lujo de detalles al principio… buf, es impresionante.

 

Una canción.

 

¡Ay! Lo sabía, sabía que llegaba la canción (risas). La de El universo sobre mí, de Amaral, no es solamente mi favorita, sino que me gusta por el mensaje que transmite, cuando dice: “Quiero vivir, quiero sentir, quiero encontrar mi sitio"... nos identificamos todos los que tenemos capacidades diferentes. Cuando descubrí la letra, yo dije: “Seguro que tiene a una persona con alguna discapacidad a su lado”.

 

¿Conoces a Amaral?

 

No, y me gustaría.

 

¿Te gustaría tomar un café también con ella?

 

Un café con ella también porque es una tía guapa, que está de buen ver y que además escribe letras (risas). Es una tía muy inteligente y sensible.

 

Oye, Pablo, que hoy juega el Málaga contra el Celta, tu equipo contra el mío… ¿lo dejamos en empate? (Por el pasado domingo 18 de marzo. El partido terminó en empate a cero)

 

Sí sí, lo dejamos en empate, ¡coño! (risas). Pobrecillos, van para abajo sin frenos. Que lo queréis todo, gallegos, y eso no puede ser (risas).

 

El Celta va bien, pero el Dépor va de vuestra mano.

 

El Dépor se viene para abajo también… y Las Palmas.

 

¿Lo sigues mucho al Málaga este año?

 

Me gusta mucho el fútbol y lo sigo mucho. Ahora en cuanto te cuelgue me pongo Carrusel deportivo de la Cadena SER.

 

¿Escuchas la SER?

 

Sí, yo soy de la SER y me divierto un montón, también escucho El larguero desde hace años. Soy más de emisoras que de locutores, España es muy del que habla.

 

Sí, eso es cierto, están los de Carlos Herrera, los de Carlos Alsina, los de José Ramón de la Morena

 

José María García en su día… eso ocurre mucho, y yo creo que es mejor seguir a la emisora.

 

Pablo, estás invitado a Galicia.

 

¡Muchas gracias! Hace tiempo que no voy a Galicia, y mira que es una comunidad que me encanta. España es el gran ejemplo de cómo la diversidad enriquece y aporta. Qué bonito es ir a Andalucía, a Galicia, a Asturias… He viajado mucho por España con la Fundación Adecco y he ido a casi todas las comunidades, cada una con sus diferencias y particularidades, y cada autonomía aporta su historia, su cultura, sus personajes… cada una aporta su granito de arena en lo que es España.

  

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