Isabel Pérez: “Aprecio mucho la vida y no soy una kamikaze”

 Riesgo. ¿Qué significa esa palabra para una periodista de paz en medio de un conflicto como el palestino-israelí? Nosotros, desde nuestro sofá, lo traduciríamos en algo así como “que un día te puede caer una bomba”. Sin embargo, Isabel Pérez Pérez (Exeya d'os Caballers, Zaragoza, 1982) no lo sabe explicar después de cerca de diez años asentada en Oriente Medio, y es que prefiere olvidarse de ese factor, porque a ella lo que la llena de vida precisamente es estar en la Franja de Gaza al borde del abismo. Quizás ese sea el quid para no quemarse en un infierno terrenal. Un único objetivo la mueve: contar de primera mano lo que ocurre en una de las zonas más peligrosas del mundo. Gracias a ello, podemos enterarnos a través de medios como eldiario.es, El Mundo o Hispan TV de la pararela y cruda realidad que sacude a millones de personas inocentes. 

 

 

Cuéntame cómo cambia tu vida desde que coges la maleta con veinticinco años y te vas a Egipto, tu primer destino.

 

Cambia a mejor porque por fin estoy haciendo aquello que me llevó a estudiar Periodismo. Al principio, pensaba que estudiar la carrera no era realmente lo que quería... sí quería ser periodista, pero era más de la escuela de estudiar árabe, lenguas semitas, incluso Historia o Filosofía. Sin embargo, en los tiempos en los que estamos, ya no funciona así, y hay que estudiar una carrera universitaria para abrirte las puertas a la profesión del periodismo. Así que, cuando llegué a Egipto, definitivamente encaucé el camino que quería seguir, y continué estudiando además de intentar buscar un trabajo o colaboraciones, lo cual fue muy muy difícil. Buscaba oportunidades para seguir estudiando, para seguir mejorando en lo mío, intentar ofrecer un punto de vista más auténtico, vivir con la gente, estudiar el árabe, estudiar el islam, la religión más seguida en Oriente Medio... Cambié un poco, y me di cuenta de ese cambio personal, además de profesional, cuando volví a España la primera vez desde Egipto. Es curioso... eso que llaman shock cultural se da más cuando vuelves a tu país que cuando llegas a ese otro país extranjero.

 

¿Cómo fue ese primer regreso a España?

 

Volé a España creo que un año después, de vacaciones, para descansar un poquito. Tampoco tenía muchas vacaciones porque tenía un trabajo allí, tenía que seguir la universidad en Alejandría... Imagínate ahora, después de tantos años viviendo en Oriente Medio, sí que lo notaría más. Ahora, lo llevo mejor, no le insisto mucho a la gente que me rodea aquí en España, no le doy la brasa. “No os quejéis”, esa frase ya no me atrevo a decirla (risas).

 

¿Cuándo te entró el gusto por dedicarte a la rama de la información internacional?

 

Era una niña bastante traviesa, aunque al mismo tiempo me gustaba estudiar, y lo hacía, además en tiempo récord porque no me gustaba mucho estar en casa estudiando, y no se me daba mal. Entonces, esa inquietud la trasladé a no querer quedarme en una oficina encerrada, ni siquiera a informar sobre política nacional, sino a algo más internacional, a algo más desconocido. Y a eso me llevó también mi amor por la literatura. Yo recuerdo que la Divina comedia me la leí con doce años. El descubrir nuevos mundos, el intentar acercarme a lo que nos muestran como algo oscuro, Oriente Medio, los árabes, los bereberes... me llamaba la atención.

 

¿Cómo se tomaron tus padres y tus familiares más cercanos esa aventura?

 

Se preocuparon un poco sobre todo porque soy mujer, siempre es lo mismo. Pero también sabían que yo había estudiado lejos de Zaragoza; yo soy de un pueblo de Zaragoza, ni siquiera soy de la capital, y me fui a Madrid a estudiar. Confiaban en mí.

 

¿Qué hay de la libertad de expresión en los Territorios Palestinos?

 

No hay libertad total de expresión, absolutamente no hay.

 

¿Tampoco para los periodistas extranjeros?

 

Mi situación es distinta porque resido en la Franja de Gaza y además tengo familia política allí. Pero yo soy española, y convivo dentro de unas circunstancias y con unas ideas con las que he crecido, en una sociedad, una cultura y una religión diferente. La libertad de expresión está muy coartada por varios frentes. Uno de ellos es vivir bajo bloqueo israelí. Las personas como yo, que escribimos desde dentro y tenemos más acceso a lo que está sucediendo, vemos con nuestros propios ojos los crímenes de guerra. Eso luego se traduce en ataques contra nuestra persona, difamaciones, el derecho al honor resquebrajado... tú intentas seguir hacia adelante porque te das cuenta de que informar sobre la realidad puede ser peligroso incluso para tu integridad física y moral. Y el segundo frente está dentro de la Franja de Gaza, donde no hay libertad de expresión ni tampoco de opinión. Sabemos que aquí gobiernan unos islamistas, Hammas, que es un gobierno de facto y que sabiendo cómo se tambalea mucho su poder, no están abiertos a ser criticados, y menos por gente extranjera. A mí, no me van a tratar de igual modo que a un palestino o a una palestina, los cuales están muchísimo más descubiertos a ese peligro de encarcelamiento, pero sí pueden hacerlo a través de otras herramientas no directas contra mi persona. Es decir, que sí que vivo allí en una situación bastante peculiar donde miro al cielo y veo un dron israelí, y te provoca cierto nerviosismo porque son aparatos de guerra; y por otro lado, dentro, te encuentras un gobierno islamista rodeándote que está muy muy nervioso y que va a estar detrás de todos los que informamos.

 

¿Alguna vez sentiste el miedo real de perder la vida?

 

Sí, principalmente durante la operación Margen Protector 2014. Estuve cincuenta y dos días seguidos trabajando, aparte de los que llevaba de antes de lanzarse la operación; después descansé una semana donde ni siquiera me dio tiempo a recapacitar, y seguí trabajando en la posguerra. En los pocos momentos que tuve para recapacitar, se me venían a la cabeza dos escenas, una de ellas fue cuando quise llevar a mi equipo de televisión a grabar a una familia que se había quedado atrapada en una casa. Había empezado ya la operación terrestre israelí, habían penetrado la Franja de Gaza, y esta casa no estaba muy muy cerca de la frontera, pero sí que estaba en la zona peligrosa. Entonces, la familia no había podido salir y había por lo menos una persona de esa casa muerta por el bombardeo, y nos enteramos. Yo quise ir ahí para sacar a la luz ese crimen. Nos llovían morteros de gas por todos lados, era muy tétrico. De ver zonas que tú conoces en un 'estado normal', a verlas bajo guerra te provoca mucho nerviosismo. Entonces, una compañera periodista me llamó y me dijo que no se nos ocurriera seguir adelante. A los periodistas estadounidenses, el ejército israelí les manda unos mensajes al móvil para avisarles de qué zonas pueden ir a cubrir y cuáles no, y a una de las periodistas le habían avisado de que esa zona no se podía concurrir ni loco. Al final, cuando vi que caía otro mortero y se oía mucho ruido de tanques, dije “nos retiramos”. Yo soy la responsable de mi equipo, aparte de que aprecio mucho la vida y no soy una kamikaze.

 

No sales a correr por miedo.

 

Da muy mal rollo salir a correr, más de noche porque en Gaza hay muchas menos horas de luz que aquí en España. Tú llegas a casa y te apetece salir a correr, pero siempre hay un dron omnipresente y muy cerca; oyes incluso cuando cambia de marcha, cuando cambia el sonido del motor, que hace como un “clack, clack”, y te pones muy muy nerviosa porque eso también lo había oído sobre nuestras cabezas durante la guerra. No sé si ese dron, cuando yo quiero salir a correr, está cargado de misiles o no, pero no voy a arriesgarme.

 

Hablas con mucha naturalidad de todo esto, ¿qué es para ti el riesgo?

 

Lo veo de otra manera. Yo reconozco el terreno, y la Franja de Gaza es donde me muevo casi veinte horas al día, porque trabajamos muchísimo, y sopesar si merece la pena o no sacar una noticia para desvelar esa realidad no es fácil. Ya te digo que no soy una kamikaze ni quiero ganar premios por serlo, pero no sé cómo explicarlo porque nunca me he puesto en vuestra posición, vosotros desde España veis más peligro que yo. No sé si también me he empapado mucho de la situación que se vive ahí adentro. Los palestinos y las palestinas tampoco notan ese peligro tanto porque tienen que vivir con eso. Tienes que olvidarte de esa presión para poder seguir adelante y trabajar.

 

Todo lo que ves y vives, más en tu caso, que tienes familia política en Gaza, ¿de qué manera te afecta?

 

Eso lo dejo en manos de los palestinos porque yo soy española, y sí, obviamente me molestaría muchísimo que me bombardearan la casa, eso es lógico, y seguramente llevaría a cabo mis medidas ante la Justicia española porque yo soy una ciudadana española. No ha ocurrido y espero que no ocurra nunca, ahora bien, no me siento impotente porque cambiar el mundo sería, en este caso, que las personas, nuestros lectores y seguidores, supiesen la verdad y actuasen para evitar ese derramamiento de sangre inhumano, muy cruel y muy maquiavélico, que lleva tantísimos años ejerciéndose en este territorio. No me veo participando en una manifestación dentro de la Franja de Gaza porque no soy activista, soy periodista. Hay activistas internacionales, totalmente cierto, pero mi papel es quitar esa tela sobre algo que existe pero que lo ocultan.

 

Cómo debe afrontar una información trágica una periodista de paz que vive en el lugar de los hechos, ¿empatía o total frialdad?

 

Marco la tarea del periodista como una profesión muy hermosa en la cual intentas cambiar el mundo a mejor. Aunque suena muy bonito y muy romántico, tenemos que tomarlo así. Tenemos una gran responsabilidad, sobre todo porque lo que manejamos es información, y esa información, más aun en la Franja de Gaza, puede servir para denunciar a un estado por crímenes de guerra, y eso es algo muy serio porque hablamos de vidas humanas y de injusticia. Yo no soy obviamente la Madre Teresa de Calcuta, soy Isabel Pérez, y a veces también me toca denunciar prácticas coercitivas dentro de la Franja de Gaza, por parte de Hammas o de cualquier partido político que se pase. El periodismo es cambiar el mundo, y si no te informas bien, no puedes criticar, y si no criticas, pues no llegarás a cambiar ese mundo. Yo soy muy crítica, la gente me dice que al estar tanto tiempo dentro y vivir con ellos, quizás no soy objetiva... Primero, el periodismo no es objetivo porque las personas tenemos unos estereotipos, un conocimiento aprendido a lo largo de nuestros años, incluida nuestra infancia. Si vosotros escucháis al pueblo palestino de Gaza, también son críticos con todos, no dejan títere con cabeza: con Isarel, Hammas, la Autoridad Nacional Palestina... Están hartos, quieren una solución ya. En España, podría pasar absolutamente lo mismo. Son seres humanos como nosotros y tienen las mismas inquietudes y los mismos derechos humanos que nosotros. Aparte de que tengan una cultura y una sociedad diferente, al final, el ser humano necesita vivir en libertad.

 

¿A occidente le interesa lo que ocurre en Palestina? Parece que estamos como anestesiados ante todo lo que está sucediendo en esas zonas.

 

Qué es 'occidente' también es algo para debatir, porque dentro de lo que nosotros llamamos 'occidente', hay refugiados palestinos que han tenido que salir hace muchos años. La palabra 'occidente' a mí no me gusta mucho utilizarla, aunque es verdad que se recurre mucho a ella. La 'comunidad internacional' es una palabra muy abstracta, y la conforman personas, y dentro de ese grupo de personas, las hay que sí realmente están involucradas y hacen su trabajo bien, incluso que quieren reorganizar las Naciones Unidas, y hay otras que están subidas al barco de la corrupción. Eso ocuure en todos los lados.

 

Hay gente que critica que solo se defienda la postura tomada por los palestinos, ¿es comparable el daño que Israel está causando al pueblo palestino con el que causa Hammas y los mismos palestinos hacia los israelíes?

 

No es para nada comparable, absolutamente no lo es. Se vive en una situación anormal en la cual a Israel no le interesa que no funcione su “divide y vencerás”. Siempre digo una cosa, y es que en 2014, fuimos testigos de una reconciliación palestina entre Fatah y Hammas que ha hecho muchísimo daño a la sociedad palestina y al proyecto nacional palestino. Sin embargo, de repente, empezaron a ocurrir una serie de acontecimientos. Se secuestraron tres colonos israelíes, que aparecieron asesinados; después, se secuestró y se asesinó a un niño palestino, además penetrándole gasolina dentro del cuerpo, mientras estaba vivo dicen. Todo eso es atroz. Esto llevó a que Israel mirase directamente a Hammas, porque siempre Hammas es el casus belli que necesita Israel, y lanzó esa operación Margen Protector. Entonces, se interrumpió de una manera muy muy dura ese proceso de reconciliación palestino que tenía que llevar a cabo Hammas después de X meses, como también unas elecciones legislativas y después presidenciales... Esto fue a lo que más afectó porque Israel sabe cómo provocar ese “divide y vencerás” entre Fatah y Hammas que, por otro lado, no es difícil provocarlo. Es una responsabilidad palestina que se reconcilien y que escuchen a su pueblo.

 

¿Hay responsabilidad también de los propios Territorios Palestinos?

 

No se puede negar que hay una gran responsabilidad interna, pero no se puede comparar porque, aparte, el Estado israelí es un estado con unas elecciones democráticas. Su sociedad seguiría, según nuestros estereotipos, un mismo orden que 'occidente', pero, sin embargo, Israel comete unos crímenes de guerra inusuales y se le perdonan. Hay una ceguera internacional que también va acompañada por presiones políticas del círculo israelí, presiones incluso de amenazas de muerte, y eso me lo han llegado a decir a mí personas de la esfera palestina cuando se han ido a llevar temas de crímenes de guerra a la Corte Penal Internacional, entre otras cuestiones que se dirigen a que Israel cumpla con la ley humanitaria internacional o con los Convenios de Ginebra. Si es un estado democrático, debería cumplirlos, y así por lo menos también saldríamos de este conflicto.

 

Pero, realmente, ¿por qué tanto miedo de la comunidad internacional a sancionar a Israel?

 

Todo esto se conforma después de años. Son muchísimos años de historia. Al final del siglo XIX, ya se conforma un movimiento sionista en el cual se proyectaba hacia Palestina el deseo de crear un Estado judío. El porqué se crea y por qué la comunidad internacional o los grandes poderes, empezando por la URSS y terminando en los Estados Unidos, accedieron a eso es muy importante, es el quid de la cuestión. Hay que preguntarse por qué se apoya a Israel... porque es un poder geoestratégico y eso es más importante que la vida humana, y también lo estamos viendo en otros lugares como Siria.

 

Fue la comunidad internacional entonces la que dio lugar a este conflicto entre palestinos e israelíes.

 

La comunidad internacional lo que hizo fue lavarse las manos y así también deshinbirse de sus responsabilidades de que hubiera habido unas persecuciones horrendas a los judíos en esa época. En vez de tomar el volante, lo que hicieron es relegar sobre una solución que les parecía medianamente buena para sus intereses, pero no para los intereses de los nativos, aunque sabían que eso iba a provocar un derramamiento de sangre. De hecho, en la partición de 1947, aprobada por Naciones Unidas, ya podemos ver varias injusticias, y es que es una partición que no se basó a nivel igualitario en quién poseía ese terreno o cuánta población había en ese terreno... aunque era una mayoría árabe, el terreno fue entregado a la parte del Estado judío. Eso va por presiones políticas. El movimiento sionista siempre ha sabido penetrar en esas esferas de influencia con gente importante a la cual ha convencido, pero siempre son intereses. Hay una máxima que se sirve en el movimiento sionista estadounidense, y es: “Miembros, disciplina y dinero”.

 

¿Cómo es realmente el día a día en la Franja de Gaza con el bloqueo israelí?

 

Por un lado, hay personas que piensan que Hammas es el culpable de todo esto, sobre todo aquellas que no son del partido de Hammas, que son de Fatah o de otros partidos políticos palestinos. Es verdad que hubo unas elecciones legislativas que dieron el poder a Hammas, pero ahora, el resultado final de esas elecciones ya es obsoleto, hay que hacer otras. Lo mismo ocurre con la Autoridad Nacional Palestina o la OLP, que también están obsoletos. Habría que establecer un sistema democrático para dejar claras ciertas cosas. La población palestina en la Franja de Gaza está harta. También es cierto que, analizando fríamente por qué Gaza está bloqueada, llegas a la conclusión sostenida de que aunque no existiera Hammas, Gaza sería sometida. Gaza ya no sería para Israel parte de ese territorio que ellos desean, sino que la quieren canjear, hacer una extensión con el Sinaí egipcio, y allí que caigan muertos quienes quieran, les da igual realmente, lo que les interesa realmente es Cisjordania. Entonces, Hammas es el casus belli que Israel necesita siempre, utiliza a la población palestina para probar su armamento militar, ya que, por lo menos hasta hace dos o tres años, era el primer vendedor de drones y es puntero en tecnología militar. Para los drones, el lugar perfecto es la Franja de Gaza.

 

¿Qué hay que hacer para poder sortear el bloqueo israelí y salir de la Franja de Gaza?

 

La gente sale siempre por Egipto, el cual además está en plena batalla con Dáesh en el Sinaí y es muy peligroso salir. Hay varias listas. Tú te vas a apuntar como palestino al Ministerio de Fronteras y según qué características tengas, te dejan salir o no. Condición primera: si necesitas tratamiento médico, una operación, si tienes cáncer, etc., aunque a veces no se cumplen los plazos para recibir el tratamiento del cáncer cada seis meses mínimo; la segunda condición sería para estudiantes que hayan obtenido una beca para salir afuera y estudiar; la tercera sería para aquellos palestinos que tienen residencia fuera y que trabajan fuera, y que si no van, pierden su trabajo. En cuanto a los extranjeros, cuando yo entré por primera vez en la Franja de Gaza, hasta el año 2014, lo teníamos muy fácil, incluso como residentes. Llegábamos a la frontera con Egipto el día que abría y, sin habernos registrado ni nada, nos dejaban salir, además de los primeros. Pero hoy en día ya no, ahora entras en esa lista de espera, que es de veinte mil personas mínimo, a veces sube a treinta mil, todo depende del número de veces que abra Egipto, y es un embudo. El paso fronterizo con Egipto, que se llama Rafah, es un embudo donde ves gente llorando, desesperada, tirándose por el suelo llena de rabia.

 

¿Se han endurecido estas condiciones para todos con el paso del tiempo?

 

Se han endurecido bastante. Se endurecieron sobre todo después de julio del 2013. Llevamos unos meses, desde que nosotros salimos en diciembre, que abren cada mes, sin embargo, no llegan a lo que nos prometieron de diez días al mes, lo cual aliviaría mucho esta crisis humanitaria. Falta libertad de movimiento, sobre todo para aquellos que necesitan salir por estar enfermos.

 

Para volver, ¿es igual de complicado?

 

Es lo mismo. No hay listas, pero tienes que estar seguro cien por cien de que esté la frontera abierta cuando llegue tu avión a Egipto, si no, a los palestinos hombres les meten en una celda en el aeropuerto hasta que abra la frontera, y pueden pasar semanas o meses.

 

Llegaste a decir que en la Franja de Gaza solo hay dos horas diarias de electricidad, ¿se puede vivir así?

 

No, no se puede vivir. Lo importante no es tener una bombilla. Eliminemos la televisión, los ordenadores y la nevera... ya solo a nivel sanitario, es horrible porque hay que bombear las aguas residuales, si no, brotan, y la casa huele fatal. Puedes incluso contraer enfermedades. Y lo peor es que hoy en día, con esta crisis, se bombean las aguas sin tratar al Mediterráneo. Además, los hospitales también se quedan sin electricidad, y eso es muy peligroso para los enfermos y las operaciones de los niños.

 

Y desde hace unos años, un problema añadido que antes mencionaste: el Dáesh.

 

El Dáesh ha afectado, por supuesto, maldito sea, claro que ha afectado. Hay mucha gente que abraza el salafismo, sobre todo en el Sinaí. Cuando vivía en Egipto, estaba mucho por el Sinaí, donde viven beduinos, los cuales se sienten ultrajados por el gobierno egipcio, pero llevan así años. Prefieren trabajar para israelíes que trabajar para egipcios, como sucedía después de la ocupación del 67. Así me lo dijeron, ya que por lo menos ganaban dinero con los israelíes construyendo hoteles por el Sinaí, por el Mar Rojo. Cuando se desocupó la zona, Egipto siguió otra vez olvidándose de esa población, y ahora les están devolviendo los platos sucios. La gente del Sinaí no es que sea realmente Dáesh ni salafistas, sino que han abrazado la primera oportunidad que tienen para vengarse del gobierno egipcio.

 

¿Ves alguna solución a corto o a medio plazo para acabar con el conflicto árabe-israelí/palestino-israelí?

 

No, a corto-medio plazo no veo una solución, aunque me gustaría que a medio plazo sí se pudiese hablar de un primer paso para crear un Estado palestino en los territorios ocupados. A medio plazo sería una solución más posible, pero no buena para el futuro porque, por un lado, los refugiados palestinos, que son más de cinco millones, no podrían volver a sus lugares de origen; y segundo, a nivel de seguridad para Israel, que es lo que a ellos tanto les interesa supuestamente, tampoco serviría porque las milicias palestinas seguirían luchando y armándose; y tercero, a nivel incluso de dentro del Estado de Israel, donde hay un veinte por cien de población árabe nativa palestina... tampoco sería bueno abandonar a esos palestinos que están unidos por sangre a los que están en los Territorios Palestinos ocupados: Franja de Gaza, Cisjordania y Jersulaén Este. A mí, me gusta mucho una idea de... lo llamo el "Al Andalus II", o llámalo como quieras. Es decir, que vivan todas las religiones juntas, incluso también aquellas personas que no son creyentes, en todo ese territorio que hoy llaman Israel y Territorios Palestinos. Es algo utópico, pero no creo que sea imposible con un poco de voluntad por parte de todo el mundo, incluyendo la población. Hay ya movimientos que trabajan por esta solución dentro de Israel y dentro de los Territorios Palestinos ocupados.

 

Ya ni sirven las negociaciones de paz.

 

No funcionan porque la primera condición que pedirían los palestinos sería una moratoria de construcción de asentamientos, y eso es lo que se niegan a ofrecer a los palestinos. Incluso, el propio presidente actual de los Estados Unidos lo que fomenta es eso, que no haya condiciones. Serían negociaciones de paz sin precondiciones, y eso no sería posible porque el ambiente seguiría caldeándose cada vez más. No hay negociaciones de paz porque siempre se ha dicho que este proceso, a través de negociaciones, está muerto, y ahí tenemos estudios, analistas palestinos e israelíes que aseguran que simplemente les sirven para disimular otras acciones a favor de un proyecto colonialista israelí sobre Palestina. La solución tiene que darse a través de acuerdos de paz, eh, lo que pasa es que no los calificaría como negociaciones. ¿Qué hay que negociar cuando las dos partes son tan desiguales en poder?

 

Una vez dijiste que “la presión para que lleguemos a la paz no vendrá de los políticos, sino de los pueblos”. Pero ¿no nos estamos equivocando? Con la llegada de Trump al poder, el ascenso de la extrema derecha en Francia con Le Pen...

 

Hay mucha gente que ha desistido y que no va a votar, que está muy nihilista. El nihlismo es malo en ese sentido, te impide reaccionar. Y, por supuesto, las políticas exteriores también influyen. Se les echa la culpa de los actos terroristas a esos musulmanes que llegan, pero lo que realmente está produciendo estos actos terroristas en Europa, 'occidente', es precisamente la política exterior de esos grandes países que además viven de la venta de armas. La venta de armas se ha disparado, dicen que ha llegado al máximo punto después de la Guerra Fría, yo leí esta noticia y me quedé helada, y creo que eso no es culpa de la sociedad, sino de la política.

 

¿Hay algo positivo, aparte de lo periodístico por supuesto, de vivir una experiencia como la tuya?

 

Te hace apreciar más la libertad y te hace defender más la justicia.

 

En todo este conflicto, los más afectados son los niños. Dijiste que “un niño te puede hablar de la muerte como si estuviera comiendo un bocadillo de queso, es un proceso natural”. Ahí no existe infancia, los niños nacen adultos.

 

Sí sí, después de un ataque, no les da tiempo a curarse psicológicamente. Hay miles de niños en la Franja de Gaza, en Cisjordania y en Jerusalén Este que viven bajo una ocupación militar, y eso les afecta. Después de una guerra ya ni te cuento. Los psicólogos y las psicólogas en Gaza dicen que no están preparados para desarrollar ciertos trabajos profesionales, necesitan gente del exterior, a los cuales a veces ni siquiera les dejan entrar. Sin embargo, no vale para nada, aunque sí que existiera esa gente dentro de la Franja de Gaza, si después de un mes o un año del ataque, los tanques israelíes empiezan a bombardear y tienes que evacuar los colegios, que están muy cerca de la Línea Verde... los niños salen asustados. Es decir, todo el trabajo de un año para recuperar a ese niño o a esa niña se va al garete. Esto es contraproducente para varias pautas de seguridad. La primera es que si mantienes a casi dos millones de personas en la Franja de Gaza bajo bloqueo de Israel, que no lo quiere levantar a pesar de que la comunidad internacional hace campañas y presión para ello, esa gente se va a islamizar y a radicalizar más. Eso supuestamente no es lo que queremos. Estos niños ven que llevar un arma les va a dar libertad, les va a dar un hogar y les va a dar seguridad. Otra cosa también es cuando ven que sus hermanos han sido asesinados, o ven a su madre muerta a sangre fría en un bombardeo... quieren vengarse, y esto es horrible.

 

¿Se te pasó por la cabeza quedarte de una vez en España y dejar Palestina?

 

No tengo ni idea (risas).

 

¿Cuándo debe considerar una periodista de paz volver a su lugar de origen?

 

Quitando “volver a su lugar de origen”, ¿cuándo un periodista de paz o cuándo un periodista en general tiene que salir? Es bueno salir del corazón del conflicto y verlo desde fuera, es muy muy sano, lo recomiendo.

 

¿Cada cuánto sales tú?

 

Si pudiese, saldría cada año. Pero va siendo una media de una vez cada dos años.

 

Una película.

 

Johnny cogió su fusil.

 

Un libro.

 

Hombres al sol, de Ghassan Kanafani.

 

Una canción.

 

Ya que te he dicho la película Johnny cogió su fusil, la canción One, de Metallica.

 

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