Ángel Sastre: “Llevo ocho días sin dormir. Esto es mundo 'freelance'”

Lo que muchos de nosotros vemos por la televisión, escuchamos por la radio o leemos entre lágrimas, él lo ve con sus propios ojos: la crudeza de la guerra y la violencia. Observa el sufrimiento de “los otros”, de los tantas veces olvidados seres humanos que no viven precisamente en el paraíso. Él es Ángel Sastre (Don Benito, Badajoz, 1981), reportero de conflictos freelance, es decir, autónomo. Es el encargado de informarte, en pocos segundos cada día, con suerte, de lo que ocurre en América Latina, México, Brasil, Guatemala... También se ha atrincherado para sortear morteros y disparos en Irak, Palestina o, incluso, Siria, donde ha permanecido en la oscuridad durante diez eternos meses que quiere arrinconar para que ello no tape la realidad de la noticia. Solo alguien con la certeza más profunda y honesta de que no va a morir haciendo lo que más le gusta sirve para ser periodista de verdad. Actualmente, seguirás su siempre firme fachada en medios como Onda Cero, Cuatro o La Razón, pero detrás de su serenidad hay una historia de esas que te hacen cambiar la forma de pensar. Nos coge el teléfono en Buenos Aires, andando por la calle y con la mente puesta en su particular carrera de fondo, la que le llevará esta vez a pasar las Navidades en un lugar que es de todo, menos navideño.

 

 

 

¿Las guerras sin periodistas son peores?

 

Por supuesto, las guerras sin testigos, no solo sin periodistas, son peores. Por eso hay que estudiar más allá de las carreras universitarias, son necesarias, pero no enseñan lo que deberían. Te pondría mil ejemplos de conflictos olvidados, pero también de gobiernos olvidados dentro de América Latina y África. Son países que están en pseudodictaduras o en dictaduras constitucionales basadas en el olvido, y ese es el goce supremo de sus reyes. Hay dos tipos de ególatras, de narcisistas, dictadores... llámalo X: los que les gusta la prensa y los que quieren tener un reinado, y entonces a estos últimos lo que más les interesa es que no haya nadie allí contando las tropelías o las barbaridades que cometen. Los periodistas somos necesarios en cualquier tipo de guerra, injusticia, anomalía o desigualdad que haya.

 

¿Querrías para tu hija o hijo la vida que estás llevando tú?

 

Me gustaría que mi hijo se llamase como yo, que fuera periodista como yo y extremeño como yo. Y además, que siguiese mi rumbo, mi camino, que viniese a entrenar conmigo, pero por experiencias pasadas, pues a mi hermana la fustigué en yudo, lo peor que puedes hacer es intentar que sigan tu camino (risas). Lo tienes que hacer de una manera delicada, si no, se revuelven.

 

“Se puede estar cinco días sin dormir y entrar en antena... pero más allá de eso... lo importante... 44 personas siguen desaparecidas. Ojalá pueda dar una noticia feliz y seguir tres días más sin dormir...”. Es un tuit tuyo de hace unos días. Explícame cómo es posible esto.

 

Llevo ya siete u ocho días sin dormir. Esto es mundo 'freelance', donde uno, cuando estalla la noticia, tiene que saber llenar el saco, llegar a todos los medios con los que habitualmente colabora de una manera responsable. A veces, no les haces llegar lo que ellos piden, porque piden exclusivas como si tuvieran un corresponsal, un tío alto y exclusivo, pero uno tiene que domar leones con látigo y llenar la caja con historias que le conmueven. Entonces, merece la pena cuando estalla el huracán, no descansar y no dormir, porque luego pasará la tormenta, desaparecerán los nubarrones, descansarás, y con esa caja podrás contar historias que te emocionan.

 

Suena egoísta hablar solamente de tu historia, la de un occidental secuestrado, cuando en los países donde trabajas, el sufrimiento es el pan de cada día. ¿Cómo de necesarios sois para esa gente que de verdad lo está pasando mal?

 

Realmente, no vamos a cambiar una guerra, pero somos necesarios. Sin embargo, si te digo la verdad, están consiguiendo ganar. Hay cinco países en los que tengo el acceso excluido, al final han logrado que nos veten el paso y se acaban contando las historias de los periodistas que ellos permiten pasar. De estos lugares, te hablo de la barbarie dentro de la barbarie: gases, bombas químicas...

 

El infierno.

 

Sí, el infierno, con bombardeos contra civiles incluso. Esto solo se puede anunciar si hay ahí un testigo medianamente objetivo. No sirven los activistas ni estos nuevos actores que están surgiendo ni la propaganda oficial. Tiene que haber un periodista internacional que pueda corroborar la información o un observador de la ONU, este tipo de gente que incordia al poder. Pero ellos están ganando, me han deportado por segunda vez de Ucrania, no puedo pasar a Turquía, a Siria... te van coartando el paso para que no informes.

 

En 2012, cuando fuiste a Siria por primera vez, tu última publicación en redes sociales fue “coraje”, a los diez días saliste sano y salvo. En 2015, volviste a hacer lo mismo, pero en vez de diez días fueron diez meses. ¿Qué significado tiene esta palabra para ti?

 

“Coraje” para mí es una cábala, una expresión argentina que significa como una superstición. La llevo utilizando desde hace años y me la tatué en un reportaje sobre tatuajes clandestinos después de mi última incursión en Cuba con la muerte e Fidel. Es una especie de escudo, de armadura que tengo para antes de entrar en un terreno donde hay serias expectativas peligrosas.

 

Mantuvisteis la tensión hasta entrar en ese avión español que os llevaba de vuelta a la paz, incluso cuentas que el día de tu liberación creías que te iban a vender al ISIS.

 

De hecho, desde el primer momento que a mí me agarraron, yo pensaba que me iban a vender al Estado Islámico o que estaba ya en él. Me gustaría decirte que fui muy valiente y que siempre guardé la compostura, pero hubo episodios tragicómicos y bizarros donde llegué a agarrar la mano de uno de mis secuestradores para preguntarle si me iban a arrancar la cabeza. Otro momento más fatídico fue cuando llegué a agarrar cuchillos para arrancarles yo a ellos el pescuezo. Esos son momentos desesperados de alguien que, desde el primer momento, pierde la compostura y piensa que le van a vender al ISIS porque es lo más común en Siria y es quien tiene más plata.

 

Pensaste en matarlos antes de que te matasen.

 

Llegué a ensayar con trozos de carne con cuchillos en la cocina y en el baño. No sé si habría sido capaz. Como dijo uno de mis compañeros, hay que estar preparados para eso, pero yo no sé si lo estoy. Lo llegué a plantear.

 

¿Te preparaste para morir?

 

Sí, me preparé para las torturas, pero lo que nunca, en ningún caso, llegué a pensar es en quitarme la vida.

 

Durante tus 10 meses de secuestro, ¿nunca se te pasó por la cabeza dejar esta profesión de riesgo?

 

Nunca lo haré, espero, porque no sé hacer otra cosa.

 

¿En qué pensaste en esos 299 días encerrado en 15 metros cuadrados?

 

Pensaba en cómo salir del lugar y contar las historias, porque mi secuestro no es tan interesante. Los protagonistas realmente son los sirios, hay un sufrimiento y un conflicto tremendamente grave allá, y hablar de cómo paso yo el tiempo en un cuarto dando vueltas como un hámster es ridículo. Por eso no me interesa hablar del secuestro, sino escribiría un libro.

 

Has vuelto a una zona de conflicto, ¿cómo fue el reencuentro?

 

Fue un reencuentro complicado que todavía estoy intentando solucionar a nivel psicológico y físico, estoy en terapia. En mi caso, he vuelto al ruedo y he vuelto a Irak, a Colombia con las FARC, a Ucrania, y me han deportado, a las costas de Libia... no he parado.

 

En occidente, muchos oímos hablar del Estado Islámico, pero poco más, aunque sí que es cierto que en Europa hemos sufrido varios atentados terroristas de este grupo. ¿Contra qué luchan realmente?

 

Hay varios factores. Luchan, en primer lugar, contra el sistema occidental, que ha sido injusto con ellos durante muchos años. Hay bestias salvajes creadas por Estados Unidos, todos lo sabemos, desde Al Qaeda, incluso el Estado Islámico, que es una facción moribunda de Al Qaeda... Tienen todas, casi como los talibanes, orígenes en guerras suscitadas por occidente, años y años de exclusión e indiferencias de occidente contra oriente. Ahora, estos monstruos y estas bestias peludas con cuernos que son el EI y que nunca habíamos visto obedecen a un integrismo. Si te das cuenta, donde crecen es en los países más pobres. Actualmente, han perdido mucho terreno en Irak, Libia, Yemen, Siria... y están proliferando en la pobreza, la desesperación y la falta de medios. Ahí es donde ellos surgen como una mano aislada en el integrismo islámico, aprovechan esta situación y las primaveras árabes se convierten en primaveras marchitas. Son una mano tendida en mitad de la mierda, del bombardeo, de la exclusión, de países que hace tiempo que se alejaron de la realidad, y ante el desespero de la desigualdad con respecto a occidente, ellos buscan una salida, y es ahí donde entran estos grupos islamistas y radicales. A veces, incluso ofrecen ayuda, sanidad... Son la respuesta a una furia que mucha gente no entiende desde su pobreza y su desigualdad.

 

Maduro hablaba hace poco en La Sexta con Jordi Évole de la situación en Venezuela con los periodistas. ¿Qué ocurre en este lugar?

 

Vengo de allá. He sido perseguido por los servicios secretos, me han disparado con perdigón, bomba lacrimógena... Ahora mismo, Venezuela es, sin duda, el peor país de América Latina. Siempre me preguntan si es una guerra, pero no lo sé, para la prensa es el lugar con mayores restricciones y mayor peligrosidad. América Latina junto con México son zonas donde los periodistas son perseguidos a niveles incluso más peligrosos que en ciertos países de oriente.

 

Se puede decir que viste el infierno en vida en varias ocasiones, ¿cómo preparas tu mente para que estos escenarios devastadores no te acaben afectando?

 

Pensar que estoy haciendo lo que debo hacer, pensar en mis personas queridas y hacer deporte.

 

¿Dónde veremos a Ángel Sastre a corto plazo?

 

Ahora me voy otra vez a una trinchera en la selva colombiana para pasar las Navidades. Van a ser las quintas Navidades consecutivas que paso en una trinchera.

 

Una película.

 

Hay dos, ambas de Coppola: El padrino y Apocalypse now.

 

Un libro.

 

Territorio comanche.

 

Una canción.

 

Cualquiera de Led Zeppelin.

 

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