Manuel Jabois: “Vivir de lo que escribo sin tener formación es un éxito de la hostia”

Son las nueve de la mañana y el teléfono suena. Es Manuel Jabois (Sanxenxo, 1978), una de las mejores plumas del país y también una de las personas más inseguras. El orden es intercambiable, pero tiene claro que lo primero es fruto de lo segundo. Su mano, para muchos, derrocha tesoros de tinta. Redacta lo que quiere en El País y dice lo que piensa en la Cadena SER. A veces, escribe libros. Es un privilegiado, no le cuesta reconocerlo. Sin estudios, llegó al periodismo de rebote, pero queriendo, una lotería que ya no toca. Pero ¿qué es la suerte? ¿Nadie piensa que la suerte puede ser cuestión de talento? Saber escribir, y bien, es un don, poco se puede aprender. El maestro puede enseñarte a juntar palabras, pero pocos saben hacer música con ellas. De camino del trabajo a casa, hablamos de eso, del oficio y de su conducta. ¡Ay, Manuel, cuánto hemos cambiado!

 

 

¿Cuánto tiempo llevas viviendo en Madrid?

 

Cuatro años ya.

 

¿Es el escenario idóneo para alguien con ambición?

 

No no, no es necesario. Seguramente, en los años 60, sí, en los años 50, sí. Pero ahora mismo, en absoluto.

 

¿La recomiendas?

 

A mí me gusta mucho. Es una ciudad muy agradable, muy cómoda, llena de gente, de vida. Yo la recomiendo, claro. Pero para un periodista no es necesaria ni imprescindible.

 

¿Qué te llevaste de Sanxenxo (Galicia) a la capital?

 

No sé quién decía que “no se puede viajar con más de once kilos encima”. Yo no tengo mucha maleta, o sea, que vine prácticamente con lo que llevaba encima. Me traje la morriña, que me la llevo a todas partes.

 

Cambios y más cambios. De El Mundo a El País, ¿puedes denotar que ambos diarios ya no están tan ideológicamente distantes?

 

No sé cómo están ideológicamente, pero sí que me resulta curioso que cuando se habla de cambio de periódico se habla de que estás sufriendo un cambio de ideología. Es curioso porque cuando uno se va del ABC a otro periódico, o de El País a otro, parece que en lugar de cambiar de un periódico lo que está haciendo es cambiar su convicción ideológica o parece que ve el mundo de distinta forma. Yo tengo una escritura, politizada o no, que puede llevarme a trabajar a muchos lugares. Coincido más con los planteamientos del El País que con los de El Mundo, pero los dos me dan toda la libertad. Editorialmente no es que estén más cerca, simplemente, el mundo ha cambiado, España también lo ha hecho bastante, y en ese sentido los dos se encuentran en una línea bastante común.

 

¿Has tenido algún problema para sacar adelante un artículo?

 

No, ninguno. En la prensa local hay más presiones. Económicamente es más dependiente y los políticos están más encima. Pero vamos, no le doy ninguna importancia... (cuando estaba en Galicia) era además muy joven, escribía de una forma más agresiva o más desinhibida. Pero aquí en Madrid, no he tenido nunca ningún problema.

 

También desayunas en la Cadena SER todas las mañanas. ¿Ahí tienes la misma suerte?

 

Sí sí, sin ningún problema. Cuando haces información, reportajes, artículos... pueden tener un enfoque diferente, pero si haces opinión, es muy difícil trabajar presionado o siendo utilizado como pájaro cantor de las ideas de otro. Imagínate que tuviese que escribir cosas que me estén sugiriendo desde arriba, sería imposible. Además, el lector es bastante inteligente y se nota a la primera cuando estás siendo objeto de un movimiento ventrílocuo o no. Entre la fidelidad a la empresa y la fidelidad al lector, siempre la del lector, sin desmerecer a la empresa, hasta cierto punto, sin acabar intoxicado.

 

Tuviste una juventud muy 'marchosa' (fiestas, alcohol, drogas, accidentes de coche...). ¿Le gusta la fiesta tanto como antes a Manuel Jabois?

 

No no no no. ¿Sabes qué pasa? Yo publiqué un libro, por eso me lo preguntan de vez en cuando. Yo hablaba de las noches en las que salía y demás. Ese libro me convirtió en el único español que salía a finales de los años 90 (risas). Daba la sensación de que cada vez que abrían los bares en cada ciudad, yo estaba allí.

 

Como (casi) todos.

 

Yo salía como salió el noventa y ocho por ciento de la gente de mi edad me atrevería a decir. Ahora, evidentemente, ya no puedo hacerlo porque tengo otras responsabilidades, otra edad y un trabajo muy exigente que me obliga a levantarme a las seis y media o siete de la mañana. Por lo tanto, no salgo tanto. Soy un animal de bastantes costumbres y entre esas costumbres está la de socializar, no tanto como me gustaría, pero sí salgo de vez en cuando. Nada que ver con todo aquello que se cuenta de cuando tenía 24 años.

 

Tienes la costumbre de que cuando las cosas te van más o menos bien, procedes a dinamitarlo todo. ¿En qué fase estás ahora mismo?

 

No. Estoy bastante dinamitado así que no hay ningún riesgo de que tenga que dinamitar nada (risas). No estoy lo suficientemente bien como para tener que colapsar.

 

¿Vives en una situación de privilegio o de éxito?

 

De privilegio. El éxito lo tenía ya en el Diario de Pontevedra. ¡Ya me dirás tú! Vivir de lo que escribo, cuando no tengo ningún tipo de formación, es un éxito de la hostia. Ahora, me considero un privilegiado. A mí me encanta mi trabajo. Trabajar de lo que te gusta y poder vivir bien, o menos bien, ya es un éxito. Por ahora bien, pero cuando vengan peor dadas, si sigo escribiendo y si sigo viviendo de lo que escribo, pues para mí seguirá siendo un éxito.

 

No parece caber en un tío como tú la desconfianza que siempre llevas encima.

 

Soy bastante inseguro, lo cual me viene muy bien para mi trabajo. Es bueno ser inseguro en un oficio como este que está tan lleno de puñetazos en la mesa, de certezas, de verdades irrebatibles... Yo creo que es bueno ser inseguro. Yo lo soy por naturaleza. Pero me ha venido bien para mi trabajo. Imagínate además con una columna de opinión, el monstruo o en lo que me podría haber convertido de no tener inseguridades o de estar muy convencido de lo que escribo. Hay que estarlo en determinados asuntos que nos afectan a todos, que son un buen manojo de ellos y la mayoría relacionados con los derechos humanos. Y después, yo en cuanto a ideas y a movimientos políticos siempre escribo dejando la puerta abierta a que el otro pueda tener razón o sepa más. Y cuando digo "el otro" me refiero al lector.

 

¿Qué es el periodismo a día de hoy?

 

Pues sigue siendo lo que ha sido siempre, un oficio vocacional. Quizás más vocacional que nunca porque hay menos trabajo que nunca o más precariedad que nunca, por lo tanto, el que se dedique a esto tiene que querer dedicarse a esto. Aquí ya nadie llega de rebote. Antes sí se llegaba de rebote. A lo mejor, un abogado empezaba escribiendo una crónica o el chico que estaba trabajando en la redacción haciendo los recados y luego se ponía con una máquina... ese tipo de historias que te cuentan, que yo no he vivido, son muy difíciles que se vean, evidentemente, por la situación en la que estamos. Yo espero que remonte, pero de momento el que venga al periodismo tiene que venir dispuesto a hacer sacrificios y a poner muchísima pasión. El que no pone ese plus se queda en el camino. Cada vez conozco a más gente que sale de la facultad directamente para otro sitio. No por desprecio al periodismo, sino porque no le han concebido la oportunidad durante la carrera de trabajar en un periódico, por ejemplo. Se meten en una agencia de comunicación, en moda o en política.

 

¿Quién es el ángel y el diablo de nuestros días?

 

Bueno, pues tú entrevistas a héroes civiles, entrevistas a gente que está ayudando a paliar los efectos del ébola en el continente africano, por ejemplo. Y puedes entrevistar al principal sospechoso de un crimen o, simplemente, meter las manos en un suceso muy escabroso, en una crónica negra. Puedes tener delante a un político que sabes que ha sido condenado por corrupción o puedes tener delante a un político que ha sacado adelante leyes sociales que han hecho mejor la vida de la gente. Puedes tratar con todo ese tipo de gente y además puedes tratarla sin tener ningún tipo de problema de conciencia ni yéndote a cama incómodo porque has pasado el día con un monstruo. Yo he estado el último medio año con el que ha sido condenado por los atentados del 11 de marzo. Lo tenía delante... Hablas con gente de estratos sociales muy diferentes, de morales muy diferentes y con pasados extraños que no compatibilizan bien, pero aprendes de todo. No se aprende más del bueno que del malo, eso lo tengo bastante claro, siempre que tengas claro dónde está el bien y dónde está el mal.

 

Opinión o información.

 

Información, hombre. El periodismo es información siempre. Sin información, no hay periodismo; sin opinión, puede haberlo, cojo, pero puede haberlo. Un periódico son las noticias que se publican, no lo que se opine sobre ellas.

 

Fútbol o política.

 

Prefiero trabajar con política y disfrutar del fútbol. El fútbol lo he utilizado muy poquito como profesión, he hecho muy poca crónica seria. Soy madridista y siempre se me ha invitado a las páginas de deportes como madridista, no como periodista experto en fútbol o como tipo que vea muchos partidos porque no veo ninguno o veo el del Madrid cuando me cuadra. Pero me gusta escribir sobre ello, me da mucha libertad. Es otro estilo... muchas más imágenes, muchas más metáforas... en fin, suelto la cuerda con mucha más ligereza que cuando trato otros asuntos. Ahora, para trabajar prefiero escribir de política. Además de que yo no tengo colores ni camisetas en política. No milito en ningún partido. Cuando hablo de fútbol, todo el mundo sabe de qué palo voy.

 

Ha causado furor el adjetivo con el que os han calificado a algunos escritores: 'cipotudo'.

 

Antes de ese adjetivo fueron otros con otras compañías y después vendrán más adjetivos y más compañías, ojalá igual de agradables. Ocurre que cuando uno escribe se expone al juicio de los demás. Y con cualquier texto, seleccionado de forma conveniente, puedes ser una cosa u otra. A mí me han metido en tantos grupos que ya no sé si soy un viejo o un traidor.

 

¿Recuerdas alguna columna en especial, con más chispa que otras?

 

Recuerdas siempre alguna, por algún tipo de significado personal que pueda tener. Sí, sí recuerdo, pero no te voy a decir nombres porque son tantas... No guardo nunca mi trabajo. Tengo aquí (en su estudio) un regalo de mis compañeros del Diario de Pontevedra y es la que te voy a decir. Es viejísima, del año 2003 o 2002, sobre un hombre que se murió en la tragedia del Prestige, era un ermitaño que trabajaba con rocas, hacía esculturas y demás. Por ese artículo me dieron el Premio Julio Camba y mis excompañeros lo enmarcaron y lo tengo aquí en mi estudio. Es de hace trece años, no me reconozco mucho, pero le tengo cariño.

 

Una película.

 

Solo ante el peligro.

 

Un libro.

 

(Silencio).

 

Que no sea el tuyo.

 

No no, no me verás nunca en esos papelones de recomendar mis libros. Ya te digo que soy muy inseguro. No sé. Ahora mismo te digo Desayuno con diamantes porque tengo delante a una buena amiga que me recuerda a su protagonista, Holly, pero me preguntas dentro de un día y te digo otro.

 

Una canción.

 

Perspectiva Nevski, de don Franco Battiato.

 

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