Álvaro Cervantes: “El cine es una porción de vida”

Si existe algo mejor que tener un sueño, es cumplirlo. ¿Te imaginas soñar con querer ser actor y conseguirlo? Álvaro Cervantes (Barcelona, 1989) no solo quiso fantasear con ello... quería sentirlo. Más que por talento o esfuerzo, lo sigue consiguiendo por empeño. De niño pedía una máscara como la de Jim Carrey para imitar sus payasadas. De adulto ha pasado de ponerse unos vaqueros y una 'chupa' de cuero a vestirse a menudo de época. Confiesa que “al pasado hay que mirarlo para evitar los errores cometidos entonces” es “didáctico” e “interesante”. Pese a todo, ya tiene ganas de calzarse unas zapatillas... de volver a nuestro siglo, y esta entrevista es una buena oportunidad de hacerlo. Acción.

 

 

Talento o esfuerzo. ¿Con qué te identificas más?

 

(Silencio) Pues la verdad, te diría otra cosa: empeño... y tener fe. Este trabajo a veces es cuestión de fe, de pensar que van a salir las cosas como uno quiere, aunque las expectativas no son siempre las mejores. Luego, en los personajes que suponen un reto, creer firmemente que puedes cumplirlo. O sea, empeñarme en que las cosas salgan como las tengo en la cabeza... y como tenemos, porque es un trabajo en equipo.

 

Dijiste en una entrevista que para ser actor hay que ver muchas películas, ¿cuáles viste en tus comienzos?

 

Nutrirse de cine y de teatro si quieres dedicarte a ello es básico. Es por una cuestión de que me gusta y que lo haría aunque no me dedicara a ser actor. De pequeño, mis referentes eran el mundo de los payasos, la comedia y el show. Me fascinaban. Quería ser payaso. La película que vi más veces fue La máscara y Jim Carrey era mi máximo exponente. Mi aspiración de pequeño era eso, ese mundo, la locura que no tenemos en la vida y que en este trabajo se puede desarrollar. Después fui creciendo y valorando otro tipo de cine, interesándome por otro tipo de historias que ahora aspiro a poder vivir como actor.

 

También comentaste que para serlo hay que “vivir”.

 

Sí, porque el cine es una porción de vida. En una hora y media o dos horas se cuentan historias de personas... me parece difícil ponerse en la piel de esa gente si no has tenido experiencias. Reproducirlas es mucho más difícil si no las has vivido o si no las has visto en gente cercana. También es importante no empeñarse en “tengo que vivir intensamente”. No. Hay que vivir lo que te toca vivir. Empalmar una película con otra o no tener tiempo para vivir creo que no es lo mejor para este trabajo. Uno tiene que ser uno mismo para luego poder ser otros.

 

Si fueses estudiante y te gustase el cine, ¿pagarías ocho euros por ver una película?

 

El precio no me parece excesivamente caro para todo lo que implica la experiencia de ver una película. Ocho euros cuesta una copa y casi ningún menú del día. Quiero decir que si esa experiencia te parece completa, te satisface, te hace disfrutar, te hace olvidar por dos horas tu vida, tu realidad, me parece que es un dinero bien invertido. Luego es verdad que la mayoría de gente... y no solo es la entrada, son las palomitas, la Coca-Cola... todo eso encarece. Eso no es el cine en cuestión, eso es lo que envuelve al cine. Ahí si te vas ya a un precio muy alto, no puede ser un consumo habitual.

 

¿Cómo sueles ver las películas: solo o acompañado?

 

Compartir una película y al salir del cine poder seguir un poco en la película, hablando sobre ella, debatiendo e intercambiando puntos de vista, es una gran experiencia. Pero también ir solo al cine y que la abstracción sea mayor, a mí me gusta. Desde hace años valoro mucho tener un espacio personal donde estás tú solo delante de la pantalla, te dejas llevar mucho más que si estuvieses acompañado.

 

En los últimos años, las series y el cine se tematizan mucho más en la historia, en el pasado.

 

Me parece interesante. Yo he tenido la oportunidad de estar en varias historias de esa temática y lo he disfrutado mucho porque son historias reales, que se han dado, y a veces desconocidas para el gran público. Me parece una oportunidad porque a la par que entretener y hacer disfrutar tiene ese componente didáctico. Todo lo que sea revisar la historia, no solo con el cine, sino desde otros puntos de vista... el cine histórico y las series históricas han venido después de la novela histórica, que ha puesto de moda mirar hacia atrás. Y ahora se están haciendo adaptaciones de novelas que han triunfado y de temas de épocas que se han puesto de moda. La gente tiene interés por conocer más. Todo eso me parece interesante. Ahora mismo tengo ganas de enfundarme unos vaqueros y unas zapatillas y poder interpretar un personaje más cercano a mí, contemporáneo. Vengo de Carlos V y ahora de este otro Carlos, que es un soldado en la guerra de la pérdida de la colonia de Filipinas. Tengo ganas de volver a nuestro siglo.

 

Tú eres de los que vive anclado en un recuerdo, de los que se lamenta de algo que haya ocurrido, o prefieres mirar hacia adelante, pensar en el futuro.

 

Al pasado hay que mirarlo para evitar los errores cometidos entonces. La historia está ahí, tiene sentido para eso, para no caer en los mismos errores del pasado y seguir avanzando. Todo lo que sea mirar hacia atrás para ir más fuerte y seguro hacia adelante me parece interesante. Lo importante es conocer. Si la gente estuviera más interesada por conocerse a sí misma y conocernos como sociedad, las cosas funcionarían mejor. El problema que tenemos es que no sabemos y no queremos saber.

 

¿Dónde o cómo te ves dentro de 10 años?

 

Me gustaría verme trabajando con la misma ilusión y compartiendo como he compartido hasta ahora con la gente con la que he trabajado, haciendo equipo y 'haciendo piña', disfrutando tanto con la gente tan bonita que me he encontrado. Es el máximo tesoro de este trabajo, que te permite conocer gente y profundizar que de otra manera costaría un poco más.

 

¿Sueles ver las películas en las que actúas?

 

Sí, claro.

 

¿Qué sensación experimentas cuando te ves en la pantalla?

 

Bueno... al principio estás más focalizado en tu trabajo que en el conjunto. Eso no te hace ser del todo objetivo, pero a medida que va pasando el tiempo o las ves desde otro punto de vista, con más distancia, puedes valorar mejor el trabajo en conjunto. En cada película estás en el momento en el que estás como actor y en consecuencia como persona. Es un testigo de dónde vienes y cómo estás en cada momento. Es útil ver los trabajos para poder mejorar en el siguiente.

 

Llevabas desde 2012 sin estrenar ninguna película y hace poco te llegó la oportunidad de actuar en Los últimos de Filipinas... ¿fue demasiado larga la espera?

 

No lo he considerado una espera porque he estado haciendo proyectos de televisión que han supuesto grandes retos y en los que me he empleado muy intensamente. Sí que es verdad que tenía ganas de estar en un proyecto de cine, en donde hay un principio y un final, una historia cerrada. Y curiosamente ha llegado de la mano de un director con el que había trabajado en televisión, en una miniserie, Salvador Calvo. Al hacer Carlos me sentí más seguro a la hora de afrontar el papel. Es un regalo estar en esta película, trabajar con todos los compañeros con los que he trabajado, a los que admiraba y ahora quiero.

 

En el reparto se juntaron dos generaciones. Por un lado, Luis Tosar, Javier Gutiérrez, Karra Elejalde... y por otro, Ricardo Gómez, Patrick Criado y tú, entre otros. ¿Qué tal ha funcionado esa conexión?

 

Ha sido brutal. No ha habido sensación de que hubiera dos equipos, hemos sido uno. Hemos estado todo el rato mezclados, no había diferencia de edad, al contrario. Una palabra que resume mi experiencia con este grupo de grandes actores y compañeros es generosidad. Estábamos muy pendientes los unos de los otros, de cuidarnos... estábamos también aislados rodando en Guinea, en un pueblo de Canarias alejado de la gran ciudad... nos teníamos los unos a los otros. Desayunar, comer y cenar juntos durante más de dos meses. Fue como una mili. Había una alegría por compartir todo eso... y creo que se va a traducir en la pantalla.

 

Tú, siempre de ida y vuelta. Como barcelonés que vive en Madrid, ¿cómo vives el conflicto catalán?

 

Lo vivo con mucha relajación. Convivo con ambas realidades. El hecho de estar yendo y viniendo me hace sentir que estoy en el lugar donde quiero estar. Lo importante es vivir la situación con naturalidad y poder convivir con ambas realidades.

 

Una película.

 

Ciudad de Dios, de Fernando Meirelles.

 

Un libro.

 

El guardián entre el centeno.

 

Una canción.

 

Lágrimas negras.

 

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