Héctor Fernández: “Vivo dentro de una burbuja en la que se sobrevive”

Para muchos, es la última voz que escuchamos antes de dormirnos. Una voz convincente y segura, que se empezó a gestar en un ambiente charcutero de Vitoria hace 36 años y que ahora se nos viene a la cabeza por ser el sonido que dirige y presenta el programa radiofónico Al primer toque, en Onda Cero. Esa voz se llama Héctor Fernández Bravo. Ha hecho locuras por su Alavés y por su Baskonia, y estaría dispuesto a volverlas a repetir. Y es que al Alavés le debe parte de su vida, pues fueron las jugadas del conjunto vasco, cuando, por aquellas, estaba en Primera, las primeras que comentó Héctor delante de un micrófono, el de Radio Popular. Quién le iba a decir que ahora es él el que juega en la máxima categoría de la radio nacional. En medio del ajetreo al que obliga la actualidad, me recibe alegremente e, intuyo, sentado delante de un micrófono, en un estudio de radio y con todo en la cabeza para querer demostrar a nuestros lectores la cruda realidad del periodismo.

 

 

¿Es más difícil la vida de charcutero o la de periodista?

 

(Risas) Cada una tiene sus dificultades, decir que una tiene más que otra por el hecho de que levantarte a las cinco o seis de la mañana es algo muy complicado, y tener que agutantar todo el día en pie y depender de muchas circunstancias... evidentemente es muy duro, pero la vida de periodista tampoco es sencilla, así que, en ese caso, voy a decir que paso palabra.

 

El año pasado, prometiste raparte el pelo si Lamar Odom fichaba por el Baskonia, algo que finalmente sucedió, y cumpliste. ¿Por qué causa te lo volverías a cortar?

 

Pues... yo que sé... si sube el Alavés a Primera o el Baskonia gana la Euroliga, cualquier barbaridad de ese tipo. Tampoco me arriesgué mucho, eh, porque raparse el pelo de todas las cosas que se pueden hacer es de las menos arriesgadas. Aunque es verdad que en aquel momento lo hice con la ingenua idea de que aquello era imposible, pero bueno, todas las informaciones decían que era posible y yo pensaba que era una locura, al final pasó y tocó pasar por la peluquería.

 

¿Por qué hay que saber de marketing, como tú mismo dijiste hace tiempo en una entrevista, para presentar un programa?

 

Porque creo que lo verdaderamente importante de los programas de radio en la actualidad es saber crear un contexto ideal para que el oyente sepa valorar verdaderamente lo que haces. Es decir, puedes tener la mejor información, pero si no la sabes vender, pues al final tienes un problema. Con lo cual, yo creo que está bien saber de marketing, no es que sea obligatorio, pero sí ayuda mucho en los nuevos tiempos.

 

¿Qué te llevaste de Radio Popular a Onda Cero?

 

Pues... la ingenuidad del origen. Aquí fue donde empecé, fue el sitio donde por primera vez confiaron en mí. Yo creo que siempre queda esa ingenuidad de alguien que está empezando porque verdaderamente yo tengo la sensación de que estoy empezando todo el rato, es algo que no quiero perder, quiero sentirme siempre como me sentía en Radio Popular cuando empecé.

 

¿Es imprescindible tener una buena voz para trabajar en la radio?

 

No diría imprescindible, pero sí creo que es importante. Así como en otros trabajos es importante tener unas cualidades determinadas, pues en este, la voz y saber comunicar son fundamentales. Son como las actitudes de un futbolista: cuanta más capacidad de regate tiene, más especial le convierte al jugador, cuanto más va al tackling, mejor defensa será... es decir, cuanta mejor voz tienes y mejor sabes utilizarla, más fácil te convertirás en un profesional de prestigio.

 

¿Tú crees que la tenías cuando llegaste al mundo de los transistores?

 

Eso es algo que se va modulando, porque no estás acostumbrado a oírte como te escucha la gente. Yo no sé si la tenía o no (risas); aunque hayan pasado muchos años, tengo la sensación de que todo ha pasado muy rápido y que la evolución también. Entiendo que, del inicio a hoy, hay un cambio sustancial bastante importante.

 

¿A quién le robarías la voz?

 

Yo creo que no hay voz más impactante que la de Constantino Romero. Era una voz absolutamente alucinante. Y la de Ramón Langa, esa voz que nos lleva a un montón de películas y documentales.

 

Son muchos los que daban por muerta a la radio. Pero, visto lo visto, y tras la lección que ha dado a otros soportes con la cobertura, por ejemplo, de los atentados terroristas en París, se ve que está muy viva. ¿Dónde está el secreto de la radio?

 

En la inmediatez. La sensación es que, de todos los medios que hay, el que más capacidad de reacción instantánea tiene es la radio. Aquí se cerró un fichaje, por llevármelo un poco a mi terreno, con el caso de De Gea a las doce de la noche, y a las doce y cinco o por ahí, habíamos contado la noticia tal y como era (no se produjo el fichaje finalmente). El resto de medios no lo habían podido hacer porque o no están en pantalla o les cuesta mucho más o es mucho más lento.

 

¿Puede ser que la radio sea el medio que tiene como objetivo la calidad, más que el resto de medios, en los que igual prima un poco más el espectáculo, como, por ejemplo, en la televisión?

 

Yo creo que sí. Posiblemente, la radio sea el último reducto romántico del periodismo... no voy a decir tradicional, porque yo no creo que haga periodismo tradicional, pero sí un poco del heterodoxo. Por ejemplo, un taco en la radio suena fatal, muy mal. Sin embargo, se ha empezado a escribir, desde hace tiempo, de determinada manera..., también en la tele, ¿qué te voy a decir? Con lo cual, yo estoy contento por trabajar en la radio, creo que es el medio que todavía tiene ese aura donde se puede trabajar como lo hacían nuestros antepasados, aunque nosotros tengamos ideas muy modernas.

 

¿Se vive o se sobrevive a la hora de hacer radio en medio esta situación de crisis que lleva años afectando a los medios de comunicación?

 

Hay mucha gente que sobrevive. La situación es precaria para muchos compañeros, estamos en un contexto en el que muchos medios tienen como fin la explotación comercial de todo lo que se hace. Nosotros vivimos, pero vivimos dentro de una burbuja en la que se sobrevive y, por desgracia, nosotros podemos decir que somos de los pocos afortunados. Digo por desgracia porque ojalá que todo el mundo viviera en las mismas circunstancias que nosotros. Es una confianza de una empresa enorme, con unas condiciones bastante buenas y con una situación de estabilidad que ya quisieran muchos compañeros.

 

En una entrevista al diario Marca, reivindicas el waterpolo femenino, ¿por qué sigue ocupando tan poco espacio el deporte femenino en general en todos los medios, también en Al primer toque?

 

Por una razón muy sencilla: esto es un mostrador en el que expones tu mercancía, y la mercancía que más presente está es la que más se consume. Es verdad que nosotros tenemos una obligación de reeducar a la gente, pero creo que es un proceso natural que está siendo muy lento. Hay que concienciar a la gente dando a nuestros equipos la verdadera transcendencia que tienen, no solo al de waterpolo, sino al de fútbol, al de básket... y a todos. Es un hábito que la gente irá cogiendo gracias a impactos como el de Mireia Belmonte, Ona Carbonell... y tantas deportistas que tienen un nivelazo espectacular. Estamos en una posición para ir poco a poco sacando pecho; evidentemente, queda mucho camino, pero yo creo que ahí está.

 

¿Y cómo fue eso de que una estudiante de Periodismo te planteó una sección de fútbol femenino y tú la aceptaste? ¿Fue así de sencillo?

 

Es más sencillo de lo que parece. En ese momento, ella me hizo esa propuesta y me encajó en ese momento. Es cierto que luego hemos tenido que readecuar las circunstancias a nuestras propias necesidades y a las de ella. Realmente, dio con la tecla en el momento adecuado, y es complicado, eso no pasa casi nunca.

 

¿Por qué da la sensación de que el periodismo deportivo es el menos periodismo de todos?

 

Pues mira, tampoco diría eso. En el periodismo deportivo, quedan muchas cosas buenas que se están haciendo y que son diferentes, originales, incisivas... pero es verdad que, desgraciadamente, el periodismo deportivo, junto con gran parte del periodismo político, es el primero que ha aceptado convertirse prácticamente en portavoz de intereses. Eso es lo que nos está haciendo daño. Si de cada cuatro cosas que dices, tres son mentira, acabas perdiendo credibilidad. La gran crisis del periodismo deportivo es de credibilidad, de imagen, de respeto hacia nuestra profesión. Todo es muy complicado, y nos va a costar muchísimo tiempo volver a recuperar esos valores, pero estoy convencido de que lo vamos a conseguir.

 

Parece que, sobre todo en el deporte y en la política, como acabas de decir, se da cancha libre a la opinión, ¿no?

 

Sí. Antes, la opinión era parte del periodismo, y ahora, el periodismo es parte de la opinión. Y en algunos casos solo hay opinión y no hay periodismo. Que está muy bien opinar, y nosotros lo hacemos, pero creo que de vez en cuando no está de más ser algo sagaz y hacer un ejercicio tan sano como que si recibes una filtración de una fuente interesada, contrastarla con exactamente la opuesta. Eso es algo que se está perdiendo y nos hace daño porque, insisto, nos quita credibilidad.

 

¿Es difícil conseguir entrevistas con las personalidades más importantes de la esfera del deporte?

 

Sí, sí es difícil. La proliferación de los medios en su momento fue interesante para el protagonista, y ahora, lo ve como un problema, entiende que adquiriría muchos compromisos si le concede una entrevista a unos medios y a otros no. Antes, podías circunscribirte a diez medios, pero ahora tienes que hacerlo prácticamente a cincuenta. Eso al protagonista le exige muchísimo, por ello algunos deciden que no las dan, con lo cual lo complica todo mucho más. Es difícil por todo esto y por la credibilidad, insisto de nuevo, que tanto daño nos está haciendo y tan difícil nos pone las cosas.

 

En relación a la pregunta anterior, dijiste en alguna ocasión que te gustaría juntar a Cristiano y a Messi para que hablaran de su rivalidad. A día de hoy, ¿misión imposible?

 

Yo creo que sí. Es... no voy a decir imposible, pero muy poco probable porque ni la gente que está en su entorno ni la gente que podría conseguirlo tienen la voluntad de hacerlo. Me gustaría, me parecería algo bonito, algo diferente y que les humanizaría a los dos. Sería una manera de hacer periodismo de un nivel bastante más elevado a lo que estamos acostumbrados, pero ahora, lo veo poco probable.

 

¿Y es eso cierto de que fuiste a casa de un jugador a descolgarle el teléfono para que no cogiese la llamada de la competencia?

 

(Risas) Sí, obligado, pero sí es verdad. Ha habido años duros en esta profesión, con una competencia mal entendida que nos llevaba a los redactores a cometer locuras como esa. Son pequeños secretos dentro de la profesión. Ahora, afortunadamente, no estamos en ese límite, aunque es verdad que, desgraciadamente, hay mucho barro todavía.

 

¿Qué jugador era?

 

Me lo guardo para mí. (Risas).

 

¿Cambia la forma de hacer radio al saber que los oyentes ya no solo están atentos al transistor a las doce de la noche, sino que muchos de ellos deciden escuchar los podcast?

 

Sí que ha cambiado, es parte de la modernización del medio. Todavía tenemos que mejorar mucho más en el consumo atemporal del programa, y creo que no hemos dado con la tecla de ese asunto. A raíz de diferentes estudios, acabaremos dando con ella.

 

Has tenido algún que otro 'problemilla' en Twitter. Primero, con Siro López, después, las amenazas por celebrar un gol de tu equipo, el Alavés... ¿Cómo han afectado, tanto positiva como negativamente, las redes sociales en el mundo del periodismo?

 

En lo positivo, porque conoces a gente maravillosa, porque es un sitio con mucho talento y porque para mí, durante mucho tiempo, ha sido un juguete. En lo negativo, porque, a estas alturas, ya no es ningún juguete, ya no es divertido, es algo demasiado serio que incluso se convierte en un arma de promoción de los medios, algo ante lo que yo he intentado negarme, pero que, al final, me tuve que rendir a la evidencia. Sobre todo, se convierte en el cubo de las frustraciones de mucha gente. Antes, las cosas te llegaban de segundos o de terceros, y, ahora, lo puedes hacer llegar en primera persona, lo que pasa es que se sigue utilizando la manera indirecta, y yo, para lo bueno y para lo malo, soy bastante directo y eso genera problemas. Cuando te gusta decirle a alguien directamente lo que piensas... y eso, escrito en ciento cuarenta caracteres, suena todavía mucho más frío e infinitamente más contundente. En en el caso que me has nombrado, fue una defensa legítima de mi persona después de diferentes ataques públicos, y lo otro fue una tontería mal entendida por cuatro ultras y, sobre todo, algún periodista mal intencionado desde Córdoba... creo que ya quedó bastante aclarado.

 

¿Está perjudicando a la profesión el intrusismo del llamado 'periodismo ciudadano'?

 

Yo creo que lo que perjudicaría es que la gente no entendiera qué es el periodismo ciudadano y qué es periodismo. Se vio, por ejemplo, en los atentados de París a los que antes hacías referencia. En esos momentos, habría habido un grave problema si la gente se dejase fiar por personas que atomizan rumores o dicen cosas que son falsas y sin fundamento; lo único que se hace con esto es convertir todo en un auténtico caos.

 

¿Qué programa de radio te gusta escuchar, aparte de Al primer toque?

 

Yo soy un tío un poco particular, me gustan todos los programas de mi casa, evidentemente, voy escuchando Onda Cero todo el día... solo por una cuestión de lógica, más allá de que la gente pueda hablar del corporativismo, que también es lógico: si en mi casa se informa de una manera, yo no puedo romper líneas editoriales o, por lo menos, sí tengo que hacer referencia a lo que dicen mis compañeros aunque yo tenga otra opinión con determinadas cuestiones. Está claro que yo no hablo de lo mismo de lo que hablan los demás, pero me gusta estar informado y me parece que la mejor emisora para informar es Onda Cero. Por no hacer referencia a ningún programa de la casa, yo era y soy muy muy muy seguidor de Íker Jiménez, me gustaba mucho Milenio 3, en la SER.

 

¿Qué te llevó a empezar a subir vídeos a modo de foro en tu canal de YouTube?

 

Un poco la necesidad, hay alguna gente que critica que me posiciono hacia determinados temas. Me apetecía, me parecía una manera distinta, sin más, no tiene ninguna pretensión. Al final, me he encontrado con cuatro mil reproducciones, y eso pues la verdad que me sorprende mucho, cuando lo único que hago es ir al monte y grabar un vídeo. Me parece algo extraordinario.

 

¿Quién te gustaría que te hiciese una entrevista?

 

(Silencio) La verdad es que es complicado. Es que yo entiendo las buenas entrevistas como buenas charlas, en las que la persona no está en un frontón devolviendo pelotazos, eso me lleva a decirte con quién me gustaría charlar en la radio: con Íker Jiménez me encantaría, ojalá; desgraciadamente, no lo voy a poder hacer con el maestro Juan Antonio Cebrián, que nos dejó; y te diría que con Jordi Évole.

 

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