Óscar Pereiro: “El ciclismo ha hecho que me piense las cosas dos veces antes de quejarme”

Futbolista frustrado, cogió la bicicleta por si sonaba la flauta y, al final, como a él le gusta admitir, sonó el trombón. Fue ganador del Tour de Francia más largo de la historia. Fue tan largo que empezó el 1 de julio de 2006 y acabó un año más tarde, el 15 de octubre de 2007, día en el que finalmente recibió el maillot amarillo que lo acredita como ganador de la ronda gala. Desde hace un tiempo, ha cambiado el sillín por un asiento más cómodo y menos sacrificado, el de comentarista y tertuliano en programas deportivos, donde vierte sus opiniones sin ningún tipo de tapujos, como persona abierta que es. Quizá, el hecho de ver la muerte con tus propios ojos cambie la manera de ver las cosas y, si no, díganselo a Óscar Pereiro Sío (Mos, Pontevedra, 1977), a quien la vida le ha dado una segunda oportunidad. En fin, “una mala experiencia y un buen recuerdo” grabado en la piel y que tiene la oportunidad de seguir contando. Contando... pues cosas como estas.

 

 

Compañeros de la radio y de la tele dicen que eres un gran comunicador, alguien capaz de llegar a los demás. ¿Un talento más de Óscar Pereiro?

 

No sé si es un talento, lo único que sé es que digo las cosas como las siento. A veces, tengo poco tacto a la hora de decir las cosas, pero creo que puede llegar a gustar la sinceridad en cada momento, que no solo me cieguen los colores, las cosas o las personas, sino que digo lo que veo tal cual lo siento yo.

 

¿Te gusta el periodismo que se hace en los programas a los que vas?

 

Disfruto. Si fuera deportista, pues igual me gustaría menos. Creo que al final el periodismo de hoy en día es el que demanda la gente. Ya ves un poco también los programas de televisión, fuera del deporte, que los programas de máxima audiencia es donde más debates y polémica hay. La gente ya no está contenta solo con que la informen, quiere ver las disputas, los debates, los enfrentamientos entre personas. Claro que me gusta, si no, no iría. Nadie me obliga ni me pone una pistola en la cabeza para ir a los sitios.

 

El ciclismo y el fútbol son dos de tus pasiones, ¿es justo que se hable tanto de fútbol en los medios y tan poco de otros deportes como el ciclismo?

 

No. Evidentemente, no es justo. Lo que pasa que tú ves el seguimiento que tiene el fútbol, el dinero que mueve, el debate que hay en la calle y demás, eso al final es entendible, pero no justo. Creo que a veces en España la gente se olvida muy rápido que durante una época, deportes alternativos al fútbol eran los que más éxitos tenían a nivel internacional, me refiero al ciclismo de aquellos años de Indurain, donde la gente se sentía identificada con Miguel. Lo que pasa es que a día de hoy, después de ser campeones del mundo y de Europa, el fútbol vuelve a su máximo nivel. Pero, personalmente creo que están discriminando a muchos deportes y deportistas que están dándolo todo por su país, consiguiendo cosas que si el fútbol no tuviera la relevancia que tiene en España, pues serían ídolos nacionales.

 

¿Qué valores de cara a la vida te ha dado el esfuerzo y sacrificio del ciclismo?

 

Sobre todo, que no se me caigan los anillos absolutamente para nada, a pensarme las cosas dos veces antes de quejarte. Al final, el ciclismo es un deporte donde nadie está con la mano de hierro detrás de ti. Tú estás solo, tienes que hacer un entrenamiento, no se te está controlando como en otros deportes. Aquí, si tú no haces tu trabajo, eres tú mismo el que vas a descubrir si entrenas o no entrenas o si haces las cosas o no las haces. Y, sobre todo, cuando pasas tantas y tantas penurias entrenando y compitiendo, a bajo cero, con nieve, lluvia, estés bien o estés mal, pues te da el estar forjado y nutrido en experiencias duras como para afrontar el resto de la vida con esos valores.

 

¿En qué se piensa cuando vas escalando un puerto durísimo y pedaleando a doscientas pulsaciones por minuto?

 

Según tu condición física, según la ambición que tengas y según las perspectivas que tengas. Cuando uno está bien, con fuerza y con una probabilidad de ganar, la cabeza cambia totalmente. Estás pensando que se está quedando uno atrás o se está quedando el otro, como prácticamente conoces todos los puestos, pues estás un poco con la ilusión de llegar al punto donde tú contemplas que puede ser el momento en el que puedas atacar o crees que puede resolverse la carrera. Cuando las fuerzas no apoyan, es complicado intentar mantener la cabeza fuerte para no decir basta. Para mí, es mucho peor trabajar a nivel psicológico cuando las cosas no te están saliendo bien que cuando compites para ganar. Para ganar, es muy fácil motivarse.

 

¿Se te pasó alguna vez por la cabeza en los momentos más duros el doparte?

 

Yo tengo un símil que se lo explico a todo el mundo. El ciclismo no es San Benito, evidentemente, porque nosotros lo buscamos, hubo casos y casos. Después, a nivel interno, entre nuestras federaciones y la Unión Ciclista Internacional (UCI), pues se tendió una guerra, una lucha directa entre padres e hijos, y salieron muchas vergüenzas de este deporte. También se vendió de una manera, no sé si injusta, pero que llevaba un volumen de relevancia mucho mayor del que realmente tenía. Nunca se fue consecuente como en otros deportes. Creo que fue una manera, por parte de la UCI, donde se equivocó e intentó sacar mucha mierda de nuestro deporte sin ver la realidad, que al final el deporte de alto nivel es igual en todos ellos. En cuanto a mí, siempre quise competir al máximo nivel, dentro de la legalidad, lo mejor preparado posible. Esto es igual a lo que te voy a decir, a mí en la vida se me pasó por la cabeza drogarme y cuando salgo de fiesta sé que hay gente a mi alrededor que lo está haciendo, sé dónde se puede comprar la droga, sé quién la puede tener y sé lo fácil que puede llegar a ser drogarse. No me drogué en mi vida, porque no va conmigo, y en el tema del deporte es igual. Competí al máximo nivel y dentro de la legalidad intenté hacer todo lo posible con los medios que tenía a mi alrededor. El doparse sabes que puede salirte bien una vez, pero puede arruinar tu vida.

 

En el mundo del fútbol, los jugadores que juegan infiltrados son considerados ídolos; en el ciclismo, consumir una sustancia como el corticoide ya es considerado dopaje. Sobre los controles antidopaje, ¿alguna anécdota que contar que hayas tenido con estos 'vampiros'?

 

Buf... de todas. Desde los catorce años se pasan controles antidoping en cada competición, sobre todo, cuando ganas. Ya te digo, desde muy pequeño he pasado controles y podría decir que miles. Anécdotas, cincuenta mil. Desde pasar control medio de fiesta, en un restaurante, sin más, tomando cañas, desde pasar controles en la calle a las seis de la mañana porque estás cansado y aburrido de que invadan tu casa, o que te vengan a buscar a casa por error cuando estás compitiendo en el Tour de Francia. Tengo cincuenta mil anécdotas.

 

¿Hablaste algo con Floyd Landis desde las declaraciones en el año 2011 en las que te acusaba de doparte?

 

No, con Floyd la última vez que hablé fue de camino a los Campos Elíseos. No volví a hablar más con él absolutamente de nada. Primero, porque no coincidí con él. Intenté llamarlo cuando conocí su sanción, porque coincidimos durante un año en el mismo equipo y, como a cualquier compañero, a nadie le gusta que pasen estas cosas. Pero, no, no volví a hablar más con él y es que no voy a entrar en una guerra de si él dice o no dice. En su momento, Floyd dijo muchas cosas, durante más de un año negó que se había dopado y yo me callé. Ahora, por mucho que me acuse, no le voy a contestar.

 

“Yo era un actor secundario en una película donde me hicieron protagonista”. Con esta frase, ¿quieres decir que eres un ganador diferente?

 

Sí, claro. Soy un ganador diferente porque probablemente en toda la historia del Tour de Francia yo sería el único ganador que no era potencialmente favorito antes de partir la carrera. A mí no me cuesta reconocerlo, que yo era un corredor para ayudar a grandes líderes, para luchar en una general entre el quinto y el décimo, pero del quinto al primero hay un salto que a nivel de condiciones yo no tenía. No era un Alberto Contador ni un Alejandro Valverde ni un Cadel Evans. Era un corredor que estaba muy cerca de los cracks, pero que me faltaba un pelín para ser un crack. Por lo tanto, sería por mi parte poco realista si te dijera que no soy un ganador diferente. Claro que soy un ganador diferente, en una carrera diferente y que ganó el Tour de una manera muy diferente.

 

¿No se te ha considerado un ganador auténtico del Tour de Francia?

 

Fue más por todo el tiempo que se tardó. También fue la primera vez que pasaba que el Tour lo ganaba alguien que no había vestido el maillot amarillo en los Campos Elíseos. Es un poco todo. Realmente, el que es ciclista y, sobre todo, el que siguió cada día aquel Tour de Francia, sabe que lo que sucedió, sucedió por algo. A mí nadie me regala treinta minutos ni nada por el estilo, que a veces cuando voy a sitios me lo dicen y están muy equivocados. Yo no me quedé treinta minutos por delante en la general, yo me quedé por delante un minuto y treinta segundos, y tenía todavía por delante los Alpes y una semana. Fue una carrera real, de tú a tú, donde nadie me regaló absolutamente nada.

 

¿Cómo viviste ese año y medio?

 

Liberado. Una liberación muy grande, sinceramente. Estaba muy cansado ya. Era tan feliz siendo segundo en aquel Tour de Francia, por lo que te comentaba, porque yo no era un potencial ganador ni había nacido para ganar el Tour. Para mí, ser segundo era increíble y lo máximo a lo que yo podía aspirar. En aquel momento, y lo sigo reiterando, yo estaba convencido de que iba a ser mucho más feliz haciendo segundo en aquel Tour de Francia y no que se montara toda la polémica que se montó después. Porque aquel Tour fue después de la Operación Puerto, fue un Tour que volvió a enganchar a la gente, con muchísimo miedo, porque el escándalo era muy grande antes de empezar la carrera. Y ya te digo, un Tour como aquel, donde hubo cinco o seis líderes, donde realmente se veían humanos, que rendían muy bien y que peleaban. Fue un Tour donde la gente volvió a creer en el ciclismo y yo creo que el positivo de Floyd echó un poco al traste el espectáculo de aquella edición. Por eso te digo que, evidentemente, una vez que pasa todo, pues lo único que quería era que se acabara finalmente cuanto antes. Es más, solo hay que ver mis resultados durante ese año y medio, y hablar con Eusebio Unzúe y con el resto del equipo, que aquel año y pico estaba descentrado. No podía vivir tranquilo, cada día había una noticia nueva, donde yo estaba por casualidad, yo no había dado positivo, yo simplemente estaba en una posición donde cada noticia que surgía la gente quería una opinión mía. El día que me entero que se archiva el caso y que me hacen ganador oficial, me alegro tanto o más de ser el ganador del Tour como de que ya se había acabado todo. Borrón y cuenta nueva y a volver a currar.

 

¿Tiene la culpa de que ahora no eches de menos la bici?

 

(Silencio) Es todo un poco. Cuando yo decido dejar la bici es por falta de ilusión a la hora de entrenar, de sufrir. El ciclismo es un deporte muy duro donde tienes que tener mucha fuerza para pasar horas en soledad, muchísimas penurias para muy pocas alegrías. Había conseguido algo que sabía que nunca jamás volvería a conseguir, con 28 años. Y el problema es que volví al Tour al año siguiente, fui décimo y para la gente ya era un fracaso. Era una lucha continua intentar decirle a la gente algo que yo pensaba que era el único consciente de lo que había pasado. Fue una historia muy bonita poner mi nombre en la historia del Tour de Francia como ganador, pero es que nunca más iba a volver a suceder. Era luchar siempre contra la crítica, cuando yo era consciente. Volví dos años más al Tour y volví a hacer mi puesto, noveno y décimo, o sea que al final yo estaba en mi sitio. Lo raro fue lo que sucedió en el 2006, porque la carrera me rodeó de unas circunstancias que me favorecieron.

 

¿Te quedaste con alguna espina durante tu vida de ciclista?

 

No, espina, no. Lo hablo con muchos deportistas retirados, que cuando uno se retira y ya lleva unos años parado, pues evidentemente haría cosas de otra manera. Probablemente, hubiera continuado algún año más en el ciclismo profesional. Pero lo que hice en su momento era lo que sentía, no tenía ganas de entrenar, no quería seguir arrastrándome encima de la bici y es que no le doy más vueltas. Echo de menos los recuerdos que tengo con mis compañeros, las competiciones, todos los sitios donde estuve, donde soñaba estar desde pequeñito. En fin, historias que me encantaría seguir viviendo. Pero, por otro lado, el ciclismo no es solo lo que se ve en la tele, es mucho trabajo detrás, que para mí es lo más duro y es en lo que creo que hay que tener la fuerza suficiente como para conseguir esa motivación para hacerlo. Yo no la tenía y, por lo tanto, no puedo estar arrepentido de nada.

 

¿Por qué se te ocurre tatuarte Col de Angelo y la fecha de tu accidente en este puerto?

 

Porque soy realista y sé que ese día la vida me da una segunda oportunidad. Fue un accidente muy grave donde lo más normal es que estuviera muerto. Me quedó una cicatriz muy grande en el hombro izquierdo y ya que no la podía borrar con una goma ni nada por el estilo, pues por lo menos adornarla y tener un recuerdo para mí. Fue probablemente el momento más duro de mi carrera deportiva y a la vez un momento donde uno piensa que la vida es mucho más que el deporte y que uno está aquí y a la mínima está allá. Fue una mala experiencia y al final un buen recuerdo, porque gracias a Dios tengo la oportunidad de seguir contándolo.

 

Te amenazaron y te criticaron por tu sentimiento de sentirte orgulloso de ser español. ¿No crees que en nuestra sociedad se confunde ese sentimiento?

 

Bueno, a mí me critica un sector de gente que precisamente piensa lo contrario a lo que pienso yo, que están orgullosos de sentirse solamente gallegos. Yo, aparte de sentirme muy gallego, muy gallego, me siento español. Mi carrera deportiva la hice siempre fuera de España y cuando la gente me preguntaba de dónde era, lo primero, español, después, de Galicia y depués, de Mós. Pongo las prioridades de dónde soy según el sitio en el que esté. Para mí es tan grave sentirme español, como me pueda sentir yo, aún sintiéndome gallego, como el que solo se siente gallego, porque de alguna manera no está respetando la ideología de los demás. Y eso es mentira, que yo no me sienta gallego, porque a día de hoy con redes sociales y demás es muy fácil decirlo. Además, hay mil fotos donde en el Tour de Francia saco la bandera de Galicia. Muchos hablan de sentimiento gallego en su casa y en su grupo de amigos, pero yo tuve el sentimiento de sacar la bandera de Galicia fuera de España, porque me siento muy gallego. Pero me niego a encerrarme a que Galicia es un país, igual que me niego a ofrecer la libertad a los catalanes. Vivimos en una nación como es España y dentro cada uno vive en su comunidad autónoma. Yo soy de las personas que creo que un equipo trabaja cuando todo el mundo está en la misma onda, y lo mismo pienso en un país. Si cada uno empieza la guerra por su lado, pues este país se va a ir más a la mierda de lo que está.

 

Desde los 13 años tenías muchas cosas prohibidas. No ibas a la playa o, por ejemplo, hasta los 33 no comenzaste a salir asiduamente por la noche. ¿Cómo fue ese despertar?

 

Pues como un mongol te podría decir. Joder, pues al principio pareces un poco paleto. Primero, lo de la playa son las historias que te contaba la gente mayor, realmente puedes ir a la playa y tomarte un baño, lo que no puedes es estar tomando el sol todo el día, porque el sol fatiga y el músculo se cansa. Y como eso muchas cosas. Pero sí, cuando a los 30 o 31 años salí de noche un jueves por primera vez, me quedé flipado. Sabía que la gente salía de fiesta los viernes y lo sábados, pero no me imaginaba que había vida nocturna durante todos los días de la semana. No sé, es una manera de vivir una juventud y una pubertad diferente a la gente que no está metida en el deporte de alto nivel. Pero no me cuesta reconocer que con 30 años uno a veces se sentía un paleto y flipando con lo que se movía fuera de tu vida.

 

¿Tu hijo de diez años quiere ser ciclista o le da a otras cosas?

 

No, mira, ahora no hace nada. Aprendió a andar en bici este verano, con diez años ya, y desde pequeñito quiso jugar al fútbol. Este año quiere hacer solo deporte extraescolar, en el colegio, jugando al tenis. Pero el ciclismo es algo que te puedo decir me sorprendería muchísimo, muchísimo, o sea, lo doy casi como un imposible, que llegue un día y me diga: “Papá, quiero correr en bici”.

 

Pregunta Luis Penido, piloto de rally (para escucharla haz click aquí).

 

¡Qué grande Penido! Pues, cada uno en su momento. Con el Evo VI de Penido, disfruté mucho porque fue la primera vez que competí en un rally e ir a lado de él fue espectacular. Es un coche con muchísima potencia, un histórico con el que corría Tommi Mäkknen y, por lo tanto, disfruté muchísimo con Penido. Con el Evo X de Madrid, pues era el primer coche que pilotaba y también disfruté mucho. El Suzuki fue una travesía para aprender y demás, pero con el que más, con el Mini. Porque era un coche pequeño, que me adapté muy rápido a él y en el que íbamos muy rápido, a pesar de tener muy poquita experiencia. La verdad es que lo pasé bien. Pero, aparte de los coches, con lo que más disfruté, con diferencia, en esos años de competición, fue con el compañero, con Luis. ¿Dónde mejor lo pasaba? En los coches que alquilábamos para reconocer los tramos, donde íbamos a setenta y ochenta kilómetros por hora, era un auténtico cachondeo entre los dos. La complicidad que teníamos, esa parte inocente que tiene él y la canalla que tengo yo, pues hacía que nos partiéramos el culo durante días y días.

 

¿Qué importancia tiene Luis Penido para Óscar Pereiro?

 

Mira, muchas veces me dice la gente pues que qué rápido iba con el poco tiempo que llevaba pilotando. Pues, si hice las cosas bien y si conseguí ir rápido en algún momento es gracias a él. Primero, por confiar en mí y sentarse a mi derecha sin prácticamente verme al volante, porque cuando se sienta a mi lado en Madrid por primera vez, él era consciente de que era la primera vez que tenía el volante entre mis manos. Y, segundo, tiene mucho valor que alguien como él, con la experiencia y los conocimientos de los peligros que sabe que hay en las carreras, se ponga al lado de alguien que no tiene ninguna experiencia y tiene un coche en sus manos de trescientos caballos. Pero es que después, aparte de eso, quiero decir, aparte de copiloto, me iba diciendo: “Frena, no frena, mete cuarta, mete quinta...”. La información que él me daba era brutal y muchas veces yo no la asimilaba. Después, la paciencia que tenía conmigo, porque al final yo también tengo mi carácter y mi manera de conducir era diferente a los consejos que él me daba. Su manera de conducir es mucho más suave, la mía mucho más agresiva. Fue todo un trabajo de coordinación. Intentaba asimilar todo lo que él me decía, pero no quería que mi personalidad me la cambiaran. Y ya te digo, si en algún momento alguien dijo qué rápido va este chaval es gracias a Luis.

 

En una entrevista, dices que cuando dejaste la bicicleta, todo aquello que no habías podido hacer durante muchísimo tiempo, lo ibas a intentar a partir de ese momento. ¿Qué te queda por hacer?

 

Pues no sé, cosas que me proponga, tampoco es que tenga una agenda y diga que mañana quiero hacer esto o aquello. Vivo cada momento. Ahora, estoy jugando al fútbol los domingos con un grupo de amigos, porque me apetece. Y no sé, quizá alguna aventura en el futuro. No tengo una lista de cosas que quiera hacer, pero sí que soy aventurero y me gusta probar deportes nuevos. Las cosas que me proponga y me seduzcan, las haré sin ningún tipo de miedo.

 

Haz una miniquiniela: di en qué puesto quedarán al final de la temporada el Celta de Vigo y el Real Madrid.

 

Buf... pues el Madrid creo que... tercero. Y el Celta, a ver, voy a decir qué es lo que a mí me encantaría, que el Celta jugara Champions. Si nos aguanta la plantilla, porque el problema es que es muy corta. Además, aún no se sabe si Nolito se queda o si se va, pero si la plantilla se queda así como está, creo que va a acabar quinto o sexto.

 

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