Fernando Vázquez: “Eso de la libertad de expresión solo está en el papel”

Fernando Vázquez Pena (Castrofeito, A Coruña, 1954) tiene un arcoiris en casa, de tantos colores como equipos de fútbol a los que ha entrenado hasta el momento: Lalín, Racing de Ferrol, Lugo, Compostela, Oviedo, Mallorca, Betis, Las Palmas, Rayo Vallecano, Valladolid, Celta, selección gallega y Dépor. No sé si Fernando utilizó la magia para sacar, no de la chistera, sino de las canteras a jugadores como Eto'o, Joaquín, Dani Güiza, Diego Tristán o Rubén Castro; pero sí sabemos para qué la utilizaría a día de hoy. A pesar de su pequeña envergadura, impone verlo tan de cerca, pues se me vienen a la cabeza todos esos capítulos en los que la televisión daba fe de su ímpetu y su amor por el fútbol, algo que no parece ir con él cuando sale del rectágulo verde. Tranquilo, con voz pausada y firme, se sienta. Él, como buen profesor que es, habla; nosotros aprendemos.

 

 

¿Cómo es una infancia conviviendo con trece hermanos?

 

Desgraciadamente, dos murieron muy pronto... en aquella época pasaban estas cosas. Pero, en general, fue muy bonita. Tener tanta compañía tan rápido tiene sus inconvenientes, pues evidentemente había muchas peleas, pero yo rápidamente me marché, ingresé en el seminario a los nueve años y allí pasé siete internado.

 

¿El hecho de convivir con tantos chicos fue un aliciente para convertirse en profesor?

 

No sabría decirlo. Cuando terminé en el seminario y tuve que elegir, no sabía realmente lo que iba a hacer. Fue una decisión casi instantánea o casi espontánea sin saber exactamente por dónde tirar. Me hice profesor porque no tenía realmente otro camino que seguir, casi era obligatorio.

 

¿Cómo un profesor se convierte en entrenador de fútbol profesional?

 

Bueno... porque yo era jugador de fútbol y el fútbol siempre fue mi pasión, y, aparte de eso, estudiaba. El seminario era un mundo, digamos, donde, al estar internos, tenías muchísimas horas y estabas siempre jugando al fútbol; y después seguí jugando mientras estudiaba en la facultad. Más tarde, tuve una lesión de tripa, me rompieron la tripa con un rodillazo de un portero y, posteriormente, ya me puse a trabajar, me casé y, en la parroquia de mi mujer, en el Concello de Touro (A Coruña), me dijeron que si hacíamos un equipo, y así fue cómo empecé a jugar al mismo tiempo que entrenaba en ese equipo.

 

¿El entrenador es muy distinto al profesor Fernando Vázquez?

 

No, soy parecido. Yo creo que son mundos que tienen cosas en común. Entrenar, evidentemente, es transmitir unos conocimientos, una actitud, una forma de actuar en el terreno de juego... eres un poco maestro y director de teatro, digámoslo así. Por lo tanto, las actitudes que tiene que tener un maestro son semejantes a las de un entrenador. Ahora bien, a partir de ahí, pues no estás enseñando realmente, sino que estás formando para competir, es decir, no es el mundo de la educación, es el mundo del trabajo.

 

¿Qué valores de la vida le transmite a los jugadores?

 

Todos. Realmente, si quieres ser un entrenador que pueda llegar a un futbolista, de vez en cuando, tienes que coger al futbolista y hablarle de cómo es la vida. Date cuenta de que son chavales que tienen 18, 19, 20 años. Muchísimas veces, desgraciadamente, estos futbolistas te llegaban con poca formación, ahora cada vez esto es mejor, y con un nivel económico altísimo... la gente que los pueda ver a través de la televisión puede pensar que tienen un peso diferente, pero no, en la realidad son chavales muy jóvenes y tienes que, no solo instruirlos, sino también formarlos y enseñarles muchísimas cosas porque no están preparados.

 

¿Un grupo de alumnos es más fácil de llevar que un grupo de futbolistas?

 

Seguro. Eso está claro. En el mundo de la formación, tú solo te dedicas a formar, a educar... no estás preocupado por que los chavales den un rendimiento al cabo de cierto tiempo. También es duro ser profesor de secundaria, como era yo, no cabe duda, pero saber que el fin de semana tienes que ganar los partidos aumenta muchísimo la presión, y trabajar bajo esa presión no es fácil. No es fácil para el entrenador, y tampoco lo es para los futbolistas... porque la gente piensa que ser futbolista es fácil, pero hay muy pocos trabajadores que tengan que rendir bajo tanta presión y que los estén viendo tantos espectadores, que los estén juzgando periodistas, que la crítica del día siguiente los pueda poner por los suelos... ¿sabes? No es tan sencillo, es un talento ser capaz de trabajar y de rendir bajo presión.

 

Lo que más caracteriza a Fernando Vázquez es la proximidad con sus jugadores, ¿el fútbol da muchos amigos?

 

Sí, claro. Por donde paso, siempre dejo una cantidad impresionante de amigos. Soy cercano, ahí se nota que fui profesor de secundaria y siempre tengo una actitud de enseñante. Por lo tanto, eso te da cierto contacto y cierta proximidad con los futbolistas. Tengo muchos jugadores y exjugadores que son amigos míos, y no solo jugadores, sino también directivos, aficionados, periodistas... Dejas detrás de ti muchísima gente.

 

¿Sus declaraciones le perjudicaron en alguna ocasión a lo largo de su carrera como profesional?

 

Sí, muchísimas veces. La última, en el Dépor. No estoy en el Dépor por unas declaraciones que hice en Arzúa en una reunión de aficionados. Eso de la libertad de expresión solo está en el papel. El 'cómo eres', el 'cómo creen que eres', tu forma de pensar... influyen siempre en tu trayectoria profesional. A veces no lo sabes, pero esa es la realidad.

 

¿Volvería a entrenar a la selección gallega de fútbol?

 

Encantado, claro. Ahora mismo, tendríamos una selección gallega impresionante y no podemos presumir de ella porque el poder político no quiso que fuese así. Yo creo que no tiene razón de ser, lo hace todo el mundo, se debería hacer con normalidad. Que sea la afición la que decida si valdría la pena seguir. Si la afición dejase de ir a los partidos de la selección gallega, pues, evidentemente, no tendría ningún sentido hacerla. A mí, me parece un valor muy importante mostrar la calidad y el talento gallego en este apartado deportivo que es el fútbol.

 

Después de recorrer gran parte del territorio nacional, ¿qué echaba de menos de Galicia?

 

(Risas) Cuando estaba entrenando y, al mismo tiempo, dando clase, además las cosas iban bastante bien en el Ferrol primero, y luego, en el Lugo, me dije: “¿Algún día me plantearé salir de Galicia?” Pues no me planteaba salir de Galicia, nunca. Despúes, llegó la Primera División y tuve que cambiar de sitio, me fui para Oviedo, para Mallorca... y, sinceramente, yo nunca sentí eso que hablan de la morriña, ¿sabes? Estaba por ahí afuera y estaba perfectamente. Quizás, también porque, claro, sentía como un privilegio estar en el mundo del fútbol; te abre las puertas de todo rápidamente. Pero bueno, estuve por Inglaterra y Francia cuando era estudiante y ahí sí que echaba de menos mi casa al final (risas).

 

¿Qué significa el color azul para usted?

 

Realmente, yo soy compostelanista, soy del azul del Compostela. Aquí nací como entrenador de Primera División. Le estoy superagradecido a Caneda y a la ciudad. Llevo viviendo en Santiago desde los nueve años y, evidentemente, para mí, significa muchísimo. A partir de ahí, pues también viví el color azul en Vigo y en A Coruña y, por lo tanto, son parte de mi corazón, claro.

 

Hablando de Galicia, ¿fue el éxito de los deportistas gallegos en el triatlón uno de los motivos por los cuales empezó a practicar este deporte?

 

No. Este deporte no existía cuando yo era niño, pero yo anduve en bicicleta siempre, entonces, montar en bicicleta y correr, para mí, es natural. Solo tuve que aprender a nadar, y aprendí muy tarde, soy de interior. Tengo la ilusión de participar y acabar un triatlón. Algún día lo haré, seguro.

 

La bicicleta o el balón, ¿con cuál se queda a día de hoy?

 

Como no tengo que elegir (risas)... el balón para entrenar y la bicicleta para relajarme. Montar en bicicleta es un deporte que si te aficionas a él y te gusta, tira mucho, es muy obsesivo y, al mismo tiempo, a mí me sirve mucho para relajarme dando vueltas por ahí en momentos complicados.

 

¿Una ciudad?

 

Santiago.

 

¿Un periódico?

 

The Guardian (risas).

 

¿Una película?

 

Titanic.

 

¿Una canción?

 

Cualquiera de The Beatles.

 

¿Un gol?

 

El gol, casi en el último minuto, que marcó Bellido en Balaídos cuando yo llegué al Compostela. Era mi primer partido en Primera División, muy importante para mí.

 

¿Un estadio?

 

San Lázaro.

 

¿Un jugador?

 

De los que juegan ahora, pues la hormiga atómica esa, Messi (risas). De los que yo entrené, me quedo con Eto'o y Pénev.

 

¿Un equipo?

 

Yo soy del Compostela.

 

Su mote en el mundo del fútbol es Harry Potter, ¿a día de hoy, para qué usaría la magia?

 

Para volver a entrenar en Primera División, que es mi ilusión. Es donde me siento feliz.

 

 

Entrevista con la colaboración de Borja Melchor y Antón Lestón.

 

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